“El más grande engaño del diablo es hacer creer a la gente
que no existe”
Y ahí vi jardines… muchos jardines, árboles, gentes
caminando, pisos de baldosas rojas, tierra. Futuros economistas, directores de
empresas, médicos, abogados, ingenieros, la crema de la crema chilena. Ahí entendí
que por ese infierno pasaron los que se coluden, los que gobiernan en el
salvajismo hipócrita deshumanizado, los insensibles, los miserables, los manipuladores,
los amantes del poder, los ególatras.
Y pensé en silencio.
Y soporté hasta
enfermarme.
Después de peregrinar por los “túneles calurosos
y subterráneos” decidí que si ponía solo un poco de benevolencia a mi ser, solo
un poco; podría esconderme y dejar que la “ballena me tragara” para ser vomitado en otros lugares, en el remanso que me
regala mi madre, los pocos o los muy pocos que sinceramente me aman.
El amor de ellos me liberó.