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lunes, 25 de marzo de 2019

ARRULLO DE BISA


“Cierre los ojos y sueñe no más
Que voy a estar a su lado
Oiga el arrullo de la eternidad
Y agréguelo a sus pastos.
Ya pasó el día y tiene que dormir
Aunque mañana está lejos
Se ha terminado el tiempo de cumplir
La fuerza de los desvelos”

Arrullo
Hugo Moraga


Niño, déjate amar, deja que te ame, aunque sea por un instante,
entrecierra tus ojos y confía, este arrullo tiene tu nombre
y sólo duerme, duerme, nada más sueña, sueña.


viernes, 22 de marzo de 2019

MI PASADO

"Una verdadera ruptura es algo sobre lo que no se puede volver, 
algo que es irremisible, 
porque hace que el pasado deje de existir”

Francis Fitzgerald


“¡Apágate, apágate, luz fugaz! 
La vida no es más que una sombra que pasa, 
deteriorado histrión que se oscurece
 y se impacienta el tiempo que le toca estar 
en el tablado y de quien luego nada se sabe.”

Macbeth
William Shakespeare

Eso fui.

Una suerte de botella echada al mar.
Botella sin mensaje.
Menos nada.
Nada menos.
O tal vez una primavera que avanzaba a destiempo. O un suplicante desde el más acá. Ateo de aburridos sermones y supuestos martirios. Eso fui y muchas cosas más.
Un niño que se prometía amaneceres con torres de sol. Y aunque el cielo viniera encapotado, seguía mirando hacia delante, hacia después, a renglón seguido.
Eso fui, ya menos niño, esperando la cita reveladora, el parto de las nuevas imágenes, las flechas que transcurren y se pierden, más bien se borran en lo que vendrá.
Luego la adolescencia convulsiva, burbuja de esperanzas, hiedra trepadora que quisiera alcanzar la cresta y aún no puede, viento que nos lleva desnudos desde el suelo y quién sabe hasta dónde. Eso fui.
Trabajé como una mula, pero solamente allí, en eso que era presente y desapareció como un despegue, convirtiéndose mágicamente en huella. Aprendí definitivamente los colores, me adueñé del insomnio, lo llené de memoria y puse amor en cada parpadeo.
Eso fui en los umbrales del futuro, inventándolo todo, lustrando los deseos, creyendo que servían, y claro que servían, y me puse a soñar lo que se sueña cuando el olor a lluvia nos limpia la conciencia.
Eso fui, castigado y sin clemencia, laureado y sin excusas, de peor a mejor y viceversa.
Desierto sin oasis.
Albufera.
Y pensar que todo estaba allí, lo que vendría, lo que se negaba a concurrir, los angustiosos lapsos de la espera, el desengaño en cuotas, la alegría ficticia, el regocijo a prueba, lo que iba a ser verdad, la riqueza virtual de mi pretérito.
El porvenir de mi pasado se debatía y gastaba en gozar, sufrir, corregir, mejorar, olvidar, descifrar, y sobre todo guardar en el alma el candor de un amor cómo de madre, cómo de padre, cómo de hermano, tal vez el reducto de una última confianza, de un secreto.

martes, 12 de marzo de 2019

LA GUARIDA

“Mi soledad no depende de la presencia o ausencia de gente… 
odio a quien roba mi soledad sin, a cambio, ofrecerme verdadera compañía.”

Así habló Zaratustra.
Friedrich Nietzsche 



Recuerdo que cuando niño tenía la costumbre de refugiarme en mi guarida, así le llamaba. En realidad era solo una pieza chica hecha de sobras que me proporcionaba el más especial espacio de intimidad que necesitaba. La fabriqué con cartones sobrantes dentro del gallinero que mi madre tenía en el patio de la casa, lo cubrí con hojas para invisibilizarlo. Así era mi “guarida”, con el tiempo se convirtió en algo necesario, ahí me metía y encerraba y pensaba con mente de niño en cosas de niños, ahí escapaba de lo que a esa edad me parecía insoportable, ahí aprendí que el silencio y la soledad pueden ser amigos y buenos aliados.

La guarida
Se trata de una amistad incondicional y una infinita bondad hacia mí. Se trata de ponerme a salvo, finalmente a salvo, todas esas olas no queridas, ignoradas, desconocidas del océano de mi mismo para que puedan emerger desde la profundidad, desde la oscuridad, desde las esquinas, huecos y hendiduras de las experiencias y salgan a la luz, parpadeando y llenas de asombro… 
Se trata de darme a luz, de modo que todos los pensamientos me sean finalmente permitidos, todas las sensaciones, todos los sentimientos, todos los sonidos, todas aquellas olas que solemos etiquetar como “oscuras” o “malas” o “negativas” o “peligrosas” o “pecaminosas”, miedo, ira, aburrimiento, duda, confusión, frustración, impotencia son finalmente bienvenidas para que lleguen a descansar, a respirar, a ser simplemente ellas mismas en el espacio que tú eres. No se trata de entidades separadas o de enemigos, son aspectos íntimos de mi mismo y por eso mismo, nunca podrían lastimarme, incluso si lastimaran serían amigas y esto es algo de lo que a menudo nos olvidamos en nuestro apuro de “arreglar” o por lo menos “normalizar” nuestra condición…