Mostrando entradas con la etiqueta Estado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estado. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de diciembre de 2020

FILOSOFÍA POLÍTICA

“Los regímenes totalitarios justifican su existencia mediante 
una filosofía de monismo político, según el cual 
el Estado es Dios en la tierra, la unificación bajo 
la planta del divino Estado es la salvación, y todos los medios 
tendientes a tal unificación, por más perversos que 
intrínsecamente sean, son justos y pueden emplearse sin escrúpulos.” 

La filosofía Perenne 
Aldous Huxley


Comunidad
La palabra comunidad hace referencia a algo inmediato, local y loable, para los filósofos políticos la comunidad consiste en un pequeño grupo de personas con valores compartidos, unidas por lazos solidarios que pueden prescindir de las leyes o de una cadena de mando jerárquica. La existencia de comunidades implica que los seres humanos pueden vivir en sociedad sin necesidad de depender de un gobierno político.

¿Entonces qué es la Sociedad?
Es una entidad más grande que una comunidad cuya cohesión depende de un complejo sistema de reglas, costumbres e instituciones. Los filósofos políticos del siglo XVII distinguían las asociaciones libres de individuos, sociedades que podían basarse en un contrato entre sus miembros de los estados caracterizados por una estructura jerárquica de poder y la posibilidad de ejercer coacción.

Sobre el Estado Nietzsche comenta:
“Estado se llama al más frío de todos los monstruos fríos.
Es frío incluso cuando miente; y ésta es la mentira que se
desliza de su boca: “Yo, el Estado, soy el pueblo” (...) Pues él,
el Estado, quiere ser a toda costa el animal más importante
en la tierra; y también esto se lo cree la tierra.”
Así habló Zaratustra 
Friedrich Nietzsche

La Sociedad y el Estado 
¿Seremos animales sociales pero no necesariamente políticos?
¿Existen sociedades que no son políticas, o se trata de una fantasía idealista?

Algunos filósofos creen que la distinción entre sociedad y estado es confusa, de hecho solo puede haber sociedades políticas. El poder y quienes lo ejercen son elementos esenciales de la vida humana y nunca desaparecerán. El Estado se define como un territorio regido por un sistema legal organizado y un gobierno que se arroga el monopolio legítimo de la fuerza sobre los ciudadanos. Los estados modernos ejercen una enorme autoridad que suele ser invasiva. Por eso, los filósofos han redefinido constantemente términos como: consentimiento, autoridad y obligación.

Filosofía Política
La mayoría de los filósofos modernos admite que las afirmaciones morales y políticas no tienen carácter lógico ni empírico, por ende es imposible prescribir cómo debería ser el estado y la relación que los vincula con los ciudadanos, no hay una solución definitiva para los problemas políticos. Los filósofos solo pueden analizar y precisar los conceptos que utilizamos en el lenguaje diario como poder, ley, derechos, etc.
Pero la política es una realidad práctica muy importante. Queremos que los filósofos nos den consejos, no meros análisis de conceptos, sin embargo la filosofía política es un duro ideológico como cualquier otro, lo aceptamos cuando es compatible con nuestras creencias y valores, por eso todos los conceptos políticos son siempre esencialmente comparativos.

martes, 9 de abril de 2019

TEORÍA DE LA DEPENDENCIA

 “Economista es un experto que mañana sabrá explicar por qué 
las cosas que predijo ayer no han sucedido hoy.”

Lawrence J. Peter


Cuando los miembros de una sociedad se preguntan acerca de cómo deben ser distribuidos equitativamente los beneficios, oportunidades y cargas que resultan de la cooperación social, se hacen una pregunta normativa sobre cómo debe ser establecida tal distribución. Cuando esta pregunta normativa apunta a identificar los criterios que deben guiar a las personas, grupos y Comunidades, hablamos en consecuencia de una ética de la distribución. Cuando esta pregunta normativa lleva esos criterios éticos a la evaluación de las prácticas e instituciones sociales y políticas respecto de beneficios, oportunidades y cargas socialmente escasos, hablamos de teorías de justicia distributiva. Y cuando nos preguntamos qué criterios distributivos deben diseñar y organizar el conjunto de instituciones sociales, políticas y económicas que conforman un Estado nacional o un conglomerado de naciones, estamos en presencia de una reflexión que la filosofía política contemporánea denomina justicia social.

En América Latina, la vulnerabilidad de los Estados y la dependencia económica y política a los centros metropolitanos ha impedido la consolidación de una institucionalización de la justicia social, al modo como la desarrollaron, por ejemplo, los Estados de Bienestar. Esto se acentuó a partir del final de la década del 70 del siglo pasado con la adopción de lo que se denominó el consenso de Washington, diametralmente distinto al consenso por la reconstrucción económica, política y social que tuvo lugar en Europa finalizada la Segunda Guerra Mundial. Este consenso en realidad fue más bien una suerte de lenguaje común de las elites gobernantes latinoamericanas que coincidían en identificar una serie de medidas económicas y productivas liberalizadoras, junto con la reducción de la presencia del Estado en sectores estratégicos del bienestar y la seguridad
social. La adopción de este consenso en América Latina se sobrepuso y se acomodó a lo que en los años 60s y 70s se conoció en el subcontinente como la teoría de la dependencia. La condición de subdesarrollo del bienestar social en los países latinoamericanos la explica la teoría de la dependencia como una expresión de la subordinación de los países del sur a las políticas comerciales e industriales de los países del norte. Mirado en perspectiva, la reflexión sobre el desarrollo y el bienestar social tanto en Europa como en Latinoamérica no puede mirarse como fenómenos independientes. La experiencia del bienestar social, la paulatina liberalización de los mercados junto a la reducción de los Estados y la creciente relevancia de los mercados financieros en los últimos veinte años ha hecho urgente volver a pensar cómo entender las demandas de justicia social en un panorama global que hace urgente una mirada filosófica sobre los fundamentos normativos con los que vamos a construir las sociedades justas que vienen.