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lunes, 17 de septiembre de 2018

EL PRÉSTAMO

“Vale más ser completamente engañado que desengañado.”

 William Shakespeare

Antes de hablar del préstamo, en  primer lugar habría que hablar de la cosa prestada. ¿Se presta poder? claro! La cantidad de poder es variable. Por eso hay democracias absolutas como la de la primera hora de la revolución francesa; y democracias templadas como la suiza ginebrina, dependerá de que se presten todos los poderes, o sólo unos pocos, más o menos restringidos. Esto es interesante porque matiza mucho entre clases y clases de democracia, las diferencias que provoca el instrumento transmisor del poder. Por ejemplo… si se ha de prestar una cantidad de dinero, da lo mismo que se haya de hacer el préstamo en una u otra divisa, con tal de que se mantenga la igualdad en el cambio monetario. Pero bien sabemos todos que no es así. Que no es igual prestar o devolver en España un millón de marcos que setenta millones de pesetas, aunque sean un valor equivalente al cambio. Lo mismo pasa con el orden democrático.
En una democracia se pacta un préstamo de poder entre un prestador y un prestatario. Pero ¿en qué moneda? Pues bien, diría que en nuestro tiempo el poder democrático se presta en tres monedas, llamadas votos, confianzas y mayorías. Basta oír a cualquier líder demócrata justificar su poder, para deducir que siempre alega lo mismo: “Puedo hacer y hago dicen siempre porque tengo tantos millones de votos, porque tengo la confianza de la Cámara, porque tengo la mayoría de los delegados…”