“La soledad en nosotros es una virtud, es una inclinación
sublime”
Más allá del bien y el mal
Friedrich Nietzsche
Hay una soledad tan concurrida, tan llena de nostalgias y de
rostros, de adioses, de hace tiempo y besos bienvenidos, de primeras y de
último vagón.
Hay una soledad tan concurrida que se organizar como una procesión por colores,
tamaños y promesas; por época, por tacto y por sabores. Sin un temblor de más, sin
un temblor de menos. Nos abrazamos a sus ausencias, que asisten y nos asisten
con rostros añorados.