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domingo, 21 de abril de 2019

SOLILOQUIO

“Si tus penas no pruebo, Jesús mío,
vivo triste y penado;
dámelas por el alma que te ha dado,
que si este bien me hicieres,
¡ay Dios cómo veré lo que me quieres!
Quiéreme bien en dármelas lo muestra,
que es ley entre amadores
 partir, como los gustos, los dolores;
que no es partir al justo
tener Tú los dolores y yo el gusto
Mas ¿qué te pido yo que Tú me quieras,
si Tú, mi bien, me quieres
de suerte que por darme vida mueres.
Yo soy quien no te quiero,
pues viéndote a la muerte no me muero...”

Soliloquios amorosos de un alma a Dios
Lope de Vega


El ser humano es un ser psicobiosocial, por tal condición la necesidad de comunicarse es fundamental, y es por ello mismo que el lenguaje adquiere una función más que importante, tanto para el quehacer social y cultural, como para el bienestar mental de las personas. Podríamos decir que el soliloquio es un “autoaprendizaje” que las personas utilizan al principio para entrenarse en el uso del lenguaje, poner un pensamiento en voz alta con el cual hacer una especie de mapeo cognitivo, asistente de memoria, que luego puede funcionar incluso como un mecanismo para el manejo de estrés o ansiedad. Claro está que esta conducta puede ser vista por los individuos que comparten el medio con el sujeto como un accionar desadaptativo, aunque es propia y relativamente normal en los seres de palabra articulada.

No es raro que las personas que rodean al que hace soliloquios piensen que tal conducta es una clara manifestación de un problema o de un trastorno mental, al menos no hasta que comprueban que la persona lleva un free hands inalámbrico, pero claro que si alguien escucha una frase descontextualizada, fuera de un discurso mental que el sujeto tiene consigo mismo, no es de extrañar que se reaccione con suspicacia.

Toda persona puede condicionarse para hacer soliloquios en algún momento dado, todo depende de las motivaciones internas y los estímulos externos que estén interactuando en un determinado instante. Niños y adultos pueden emitir la conducta del soliloquio en algún momento, no es raro que pase frente al espejo del baño mientras se está afeitando, es bastante usual que se puedan hacer recriminaciones cuando ya no se tiene a la persona amenazante al frente, o incluso repasar una exposición importante de trabajo o de universidad, en fin, la conducta es bastante común. Pero como es de suponer este tipo de conductas se da sobre todo en personas que se quedan solas y necesitan desahogarse, comunicar o expresar, algo, pero no por ello debe asumirse como un efecto de la soledad, acaso un “síntoma” del aislamiento momentáneo, es eso sí, una conducta que se produce bajo determinados estímulos ambientales.

Debe dejarse claro que los soliloquios pueden darse como consecuencia de privaciones de contacto humano o aislamientos prolongados, alteraciones bioquímicas, traumatismos, enfermedades o tumores en determinados puntos del cerebro, principalmente si están ubicados en las áreas encargadas del lenguaje. Algunas enfermedades mentales tales como la esquizofrenia, la psicosis o el trastorno bipolar pueden llegar a producir soliloquios, pero debe considerarse que en estos casos deben tomarse en cuenta la dificultad de manejar la información recibida del medio ambiente, es decir, la capacidad de estar y reaccionar ante la realidad se ve ensombrecida. Al menos durante los estados de manía de los bipolares, en las fases activa de la esquizofrenia y la psicosis, o incluso durante periodos en que el sujeto se halla bajo los efectos de algunos psicotrópicos, no es extraño que los soliloquios reaccionen a alucinaciones auditivas, o incluso a cierto tipo de ideas y pensamientos delirantes.

miércoles, 13 de marzo de 2019

LOCURA ESCLAVA

“Me convertí en un demente con largos intervalos de horrible cordura”

Edgar Allan Poe




La crisis del mundo de hoy, es producto de la agonía de un modelo económico basado en la esclavitud, y la merma en su eficacia política y administrativa. Donde al que se emancipa solo hay que ponerle una camisa a rayas, denigrarlo y el trabajo está terminado.


No existe lenguaje común, o más bien, ya no existe; la constitución de la locura como enfermedad mental  hace constar la existencia de un diálogo roto y hace de la separación algo adquirido; asimismo, hunde en el olvido esas palabras imperfectas, carentes de sintaxis fija, un poco balbucientes, que eran el medio merced al cual se realizaba el intercambio entre razón y locura.

En los confines de la razón volví a la ciudad atrapada en mi propia mente y después caminé mucho tiempo de un lado para otro, subiendo y bajando escaleras, tambaleando entre pasillos, atravesando patios, cargando a esos cuerpos en un pedazo de mi cerebro.

Lo paradójico del discurso acerca de la locura es que ya no se puede saber si se está dentro o afuera de la locura que el mismo discurso discute.