“La más grande limitación de la gente hispana
estriba en
algo vergonzoso, en algo que es,
por definición, un vicio de esclavo:
en la
incapacidad específica para el ejercicio de la amistad.”
Eugenio
d'Ors
La amistad es tan antigua como el ser humano y aún más. Con
todo, parece un bien escaso no solo a lo largo de la historia de la humanidad,
sino también en la del pensamiento occidental, pues en las contadas ocasiones
en que la filosofía se ha hecho cargo de esta realidad, se ha limitado a
ofrecer unas consignas parcas y repetitivas. En este punto, las últimas décadas
parecen constituir una excepción a la filosofía precedente, aunque no
ciertamente a la vivencia de esta realidad humana.
COPA DE SOSIAS
(Aquiles
venda la herida de su amigo Patroclo)
cerámica griega - siglo V AC
Lo primero a señalar, tras la lectura de los recientes
estudios sobre este tema, es que es un acierto atender a esta realidad, no solo
porque hoy esté muy necesitada en todos los ámbitos (familiar, educativo,
laboral, etc.) y en todas las edades, sino, sobre todo, porque es una propiedad
humana central. Ahora bien, en el modo de tratar este tópico no se sabe qué
lugar ocupa esta virtud entre las demás y, consecuentemente, no se la vincula
con otras realidades humanas inferiores y superiores a ella con las que está
ineludiblemente unida. Además, por si fuera poco, no sabemos cuál es la
instancia cognoscitiva que permite arrojar luz sobre ella, es decir,
desconocemos el método cognitivo humano apto para comprenderla, por lo mismo no
sabemos qué método emplear para implantarla en nuestra sociedad.