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sábado, 20 de febrero de 2021

EXORCISMO DE LA MORAL

 “Tembláis más vosotros al pronunciar la sentencia que yo al recibirla.”

Giordano Bruno


¿Hoy, en este instante existirá alguien en la Tierra a quien se le ocurra orar por algún pecador? Tal vez alguno lo haga como limosna, otro tomará una piedra para llevarla hasta la cima de la montaña para redimirse, para ocultar su pecado sin importar que haya que juzgar al arcángel sin alas. Todos llevamos en los hombros la sentencia, somos culpables desde que nacemos, responsables por tentar a los demonios infractores de la moral o mejor dicho a las dos morales… la moral de los hombres y la moral de los señores como dijo Nietzsche.
El infierno por sentencia será residencia, por sentencia de los hipócritas las tinieblas, eso es lo que desean para Bruno, para el doctor King o Víctor Jara, porque los señores necesitan el exorcismo, el perdón. La suerte está echada desde el inicio de la vida, para unos si… para otros no, porque los apostatas hoy se han vestido del camuflaje de la ética.

sábado, 23 de febrero de 2019

EL ALMA

“No hay muerte, pero tampoco permanencia de las individualidades numéricas. 
Sólo permanece la sustancia única (la materia - alma universal) 
mutándose en nuevas individualidades.”

Giordano Bruno


Las cosas no son sólo por que puedan ser. La comprensión del alma desde la mente humana, por lo que su conocimiento es imposible y su interpretación se limita a conjeturas. Bien señaló Leonardo da Vinci cuando dijo que el estudio del alma era una pérdida de tiempo, puesto que, al igual que Filón, consideró que conocer al alma es imposible. Sin embargo, desde la Grecia antigua, el hombre ha mostrado una gran curiosidad sobre lo desconocido, pero ¿Cómo conocer algo si solamente lo podemos conocer por medio de ese algo desconocido?

domingo, 3 de febrero de 2019

GIORDANO HEREJE

„Hay un solo espacio general, una vasta inmensidad única 
a la que podemos llamar libremente vacío: 
en él están los orbes innumerables como éste en el que vivimos y crecemos, 
declaramos que este espacio es infinito, ya que ninguna razón, 
conveniencia, percepción sensorial ni naturaleza le asigna un límite.“


 Giordano Bruno



La mención a Giordano Bruno resulta ineludible para cualquier relato de historia de la ciencia. Algunos escritores reivindican su papel de propagador de las ideas que revolucionarían la historia del conocimiento y otros discuten sus aportes a la evolución del pensamiento científico. Lo cierto es que la figura de este filósofo del Renacimiento es emblemática y sobre ello sí que no hay dudas posibles. En el haber de Bruno cuenta una peculiar obstinación para sostener sin doblegarse ideas radicales que iban a contramarcha de las doctrinas establecidas; un profundo sentido religioso y respeto por el Dios creador cristiano; el esfuerzo por articular ideas científicas modernas con antiguas tradiciones místicas; pero, también, el atroz encierro en las cárceles de la Inquisición de Roma que privaron de libertad durante siete años a quien defendía, justamente, la libertad y pluralidad de pensamiento; finalmente, un horrendo desenlace con llamas devorando su cuerpo.
Bruno es un personaje de lo más fascinante y difícil de trazar.
Bruno es sinónimo de pasión y tragedia.
Bruno provoca pena.
Y Bruno también persigue. Porque, como asegura el escritor de temas científicos Michael White; Bruno puede ser un fantasma cerniéndose durante años sobre nosotros.

La escenificación de Bruno
Bruno se encamina a una muerte segura en la soledad de su diminuto cuarto de reclusión, día a día, noche a noche, infierno tras infierno: “allí estaba, sumido en la oscuridad mientras empezaba a dudar de sí mismo. Se acurrucó en un rincón de su celda, intentando no percibir el hedor a cloacas y humedad, negándose a escuchar el gotear del agua y los gritos de otros prisioneros agonizantes en celdas cercanas (...) por un instante se precipitó en una incontrolable espiral y notó cómo la frente se le perlaba. Un sudor helado cubrió todo su cuerpo. Podía ver ante él el ávido rostro del inquisidor y las llamas, siempre las llamas.

Las cenizas de Bruno fueron cayendo sobre las cornisas y los campos cercanos. Allí la lluvia infiltró en el suelo moléculas que antes habían formado parte de su cuerpo. Con el paso del tiempo, las moléculas fueron disueltas y las plantas absorbieron sus átomos. Las plantas fueron comidas por animales, y algunos de ellos terminaron llegando a las mesas de Roma y otros lugares. Otros elementos de Bruno cayeron al agua y fueron reciclados para mojar las caras de los bañistas y en vasos y copas. Y así, quizá, al menos en un nivel atómico, el Papa terminó fundiéndose con el hereje después de todo.” El argumento es extremo y endeble.