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jueves, 27 de julio de 2023

EFECTO DOMINÓ

“La visión que glorifiques en tu mente, el ideal que ganó el trono de tu corazón.
Con esto construirás tu vida, en eso te convertirás.”
James Allen


La mente humana, en conformidad con su propio estado, es causa incesante de innumerables efectos qué, o bien pueden ser de naturaleza creativa y armoniosa, o, por el contrario, de tendencias predominantemente conflictivas y destructivas.

Nuestras circunstancias del presente son siempre el efecto de causas previas y, al mismo tiempo, son también la causa de las circunstancias subsiguientes. No existen causas que no sean efectos de causas previas, como así tampoco, efectos que no sean causa de más efectos, y así, simultánea y sucesivamente. Sin embargo, para ello se requiere necesariamente que el individuo deje de externalizar compulsiva e inconscientemente su visión, y que pase más bien a internalizarla. De este modo, los efectos conflictivos introducidos por la mente serán al mismo tiempo causa de una mentalidad más problemática y desequilibrada, mientras qué, aquellos que sean funcionales, darán forma a estados mentales más apacibles y eficientes. Es tan solo cuando nos damos cuenta de aquello que antes no veíamos, justamente porque elegíamos ver en otra dirección que nos volvemos más conscientes de los efectos que habíamos estado introduciendo inconscientemente en nuestra vida y, de este modo, nos facultamos para sustituirlos por otros más útiles y constructivos.

Cuando un efecto problemático inconsciente (pensamiento o patrón disfuncional) es observado conscientemente en el nivel de la mente, automáticamente es interrumpido por la misma consciencia, y el efecto "dominó" problemático que desencadenaba, es detenido. Ahora, precisamente porque está dotado de consciencia, el ser humano tiene la capacidad potencial de observar su propia mente y de lograr comprender su mecanismo operacional, para, de este modo, poder darse cuenta del impacto que esta tiene al introducir constantemente efectos en el campo experimental de su propia vida.

jueves, 22 de agosto de 2019

ALGO SOBRE EL INCONSCIENTE

"Yo, Nabucodonosor, estaba en mi palacio, feliz y lleno de prosperidad, 
cuando tuve un sueño que me infundió miedo. 
Recostado en mi lecho, las imágenes y visiones que pasaron 
por mi mente me llenaron de terror."
Libro de Daniel-4


“Hasta que no hagas consciente a tu inconsciente, 
va a dirigir tu vida y lo llamarás destino.”
Carl Gustav Jung


Esto es extremadamente difícil, no porque no se haya encontrado alguna metodología o alguna manera de escudriñarlo, sino por la cantidad de variables que hace que cualquier análisis sea sumamente complejo. 
El mundo del inconsciente dice Freud, es “extremadamente complejo y está permanentemente activo”. De hecho la energía neuronal que demanda el inconsciente es mucho más que la ocupada por el consciente. Es como si en nuestro cerebro convivieran dos Yo, uno para el consciente y el otro para el inconsciente, el que siempre está activo y expectante, de manera permanente durante toda nuestra vida. 

En la década de los 70 se realizó un experimento en el que se pretendía evaluar si el inconsciente podía evidenciarse en la realidad, de tal manera de medir y constatar su existencia como tal. Se seleccionó a varios voluntarios y se les pidió sentarse frente a un reloj mural.
La primera parte del experimento consistía en que cuando sonará una chicharra, la que tenía tres tonos diferentes, el voluntario apretara un interruptor para encender una ampolleta, la que también tenía tres colores diferentes; rojo, azul y verde, de tal forma que cada sonido de la chicharra tenia asociado un color único.

De esta manera los sonidos se asociaron a colores
Sonido A, color verde
Sonido B, color rojo
Sonido C, color azul. 

Se ve simple, y... cada vez que sonaba la chicharra (accionada por un científico) con un tono definido el voluntario encendía la luz que le correspondía y el tiempo de demora se anotaba. 

Para la segunda parte hubo algunas modificaciones, sin decirle al voluntario se cambió la sincronización de las chicharra (o sea sonaba al azar activado por un sistema autónomo, sin respetar tiempo de intervalo definido) también al reloj se le borraron las líneas de los minutos, solo se dejó el palote del horario y el segundero. Al comienzo no hubo diferencias, sonaba la chicharra y el voluntario consecuentemente con el tono apretaba el interruptor y encendía la luz del color que correspondía. Esto se mantuvo constante por unos minutos, pero después de 10 minutos más o menos, sucedió algo inesperado… ahora el voluntario no necesitaba la señal de la chicharra para encender la ampolleta, sino que se adelantaba unos milisegundos sin darse cuenta. El voluntario encendía la ampolleta de color verde y luego de unos milisegundos la chicharra sonaba con el tono que correspondía al color verde.

Los experimentos avanzaron y se hicieron otros con el mismo procedimiento, se llegó a verificar la anticipación y asociación entre el encendido de la ampolleta con un color definido y el tono posterior de la chicharra... y fue tal, que en algunos casos se detectó anticipación de hasta 20 minutos. Esto demostró que previo a que la chicharra sonara y que señala el tono para un color, era el voluntario quien se anticipaba, encendiendo la ampolleta antes de saber en qué momento la chicharra sonaría con un tono determinado.
Se concluyó experimentalmente que aunque somos conscientes, es nuestro inconsciente el que actúa, descifra, interpreta y pone en marcha el proceso cognitivo. También se dedujo que la cantidad de información que en un instante se procesa en nuestro cerebro es tal, que activa zonas hasta ahora no estudiadas, de tal manera que se puede intuir a priori una acción.



domingo, 3 de marzo de 2019

RECONOCIENTO DE ROSTROS

“Cuando estás enamorado de alguien, 
estás enamorado de su rostro y se convierte en un rostro 
que no se parece a ningún otro.” 

Milan Kundera


Los seres humanos utilizamos una infinita cantidad de señales sociales para comunicarnos. Evidentemente, el rostro es uno de los que más valor de reconocimiento y comunicación aporta al lenguaje visual.

El rostro de una persona nos informa
Edad
Género
Raza
Ánimo
Emoción
Fiabilidad
Honestidad
Congruencia
Carácter
Reacciones
Interés
Etc.

El cerebro humano procesa las expresiones faciales en menos de 40 milisegundos, por esto el reconocimiento de las caras humanas es una de las habilidades visuales más esenciales, exactas y también una de las más practicadas.
Por supervivencia, nuestro cerebro ha desarrollado un área altamente especializada para esta tarea que es conocida como el área fusiforme, la que se localiza en regiones de procesamiento visual y se activa cuando tratamos de procesar información relacionada con la cara.



El procesamiento emocional es inconsciente, y para ello nos apoyamos en una estructura subcortical que es la amígdala (la amígdala esta casi en el centro del cerebro). La amígdala juega un papel fundamental en las decisiones basadas en emociones, incluyendo la activación de nuestra respuesta fisiológica y psicológica al miedo. El procesamiento de las caras es fundamental para saber sí podemos confiar o no en persona.


Estudios, resonancias magnéticas
Cuando “flasheaban” caras durante 33 milisegundos (lo que dura un parpadeo), se activaba primero la amígdala iniciando una respuesta emocional y más tarde se activaba la corteza visual en el área fusiforme provocando la respuesta consciente.

Área fusiforme es la zona del cerebro donde se produce el análisis selectivo de los rostros.  Cuando procesamos las caras, la expresión de los ojos es lo primero que analizamos, después la boca y al final la nariz.
Los ojos son los que nos dan la mayor información acerca del estado emocional.
La emoción que más fácil y rápido detectamos es la del miedo.
Las expresiones de felicidad son más lentas porque indica tranquilidad, poca amenaza, lo que desde el punto de vista evolutivo señala que nos podemos relajar y no necesitamos prestar atención tan rápido.

La vista es uno de nuestros sentidos más complejos. De hecho ocupa aproximadamente el 70% de la capacidad del cerebro cuando miramos (más que cualquier otro sentido) por esto cuando queremos concentrarnos en otro sentido, tendemos a cerrar los ojos, de esta forma aliviamos la carga del cerebro y así dejamos disponibilidad de procesamiento para los otros sentidos. Por ejemplo cuando queremos escuchar con atención alguna música en particular y degustar algún alimento, tendemos a cerrar los ojos.


Cuando salimos a la luz del día, la luz entra en el ojo a través de la córnea y las pupilas, lo que captan los ojos son formas compuestas de colores, degradé y todos los componentes que la visión nos permite. Esta luz pasa por la pupila y el cristalino, se enfoca atrás del globo ocular en la retina, hasta ahí son formas inentendibles, “solo es visión” que al igual que una cámara fotográfica solo trasmite luz. Desde aquí es dónde sucede la parte más sorprendente: las imágenes se reproducen al revés en la parte trasera del ojo (en la retina) y es donde la señal de luz se transforma en impulso eléctrico que viaja por los nervios ópticos hasta la zona de la visión en el cerebro (corteza visual).
La imagen llega al revés a la “corteza visual” (que está en la parte trasera del cerebro, en el sector de la nuca) es la zona de procesamiento de la visión y es ahí donde nuevamente se da vuelta la imagen para que no veamos el mundo al revés.
Una vez que la información llega a la corteza visual es captada y la corteza visual le dará sentido a la imagen, como por ejemplo nos permite la percepción real de aspectos fundamentales como la distancia, el color, la forma, la profundidad o el movimiento, y finalmente para darles un sentido conjunto.


Pero aunque este sistema es maravilloso, aun no podemos distinguir las caras, solo las vemos como si miráramos a las graderías de atiborradas de gentes en un estadio. Para poder discriminar entre un rostro y otro, entre uno conocido y otro o reconocer una cara, la información es analizada por área fusiforme, la que se localiza en regiones de procesamiento visual y se activa cuando procesamos la información para detectar rostros.
No te ha pasado que alguna vez que miras a una persona y no la reconoces?
No puedes decir que no la ves, tampoco que no le ves la cara. Lo que sucede es que tu área fusiforme (área de procesamiento de caras) ha quedado en Stand by, necesita más información para el reconocimiento igual como que cuando el celular queda pegado.


Efecto razas cruzadas
Se denomina “efecto de raza cruzada” a la tendencia de reconocer con mayor facilidad a miembros de nuestra propia etnia o raza.
En general los seres humanos somos muy hábiles reconociendo rostros, pero con la notable excepción de las caras de personas de otros grupos étnicos. Nuestro cerebro es mejor decodificando las características únicas de una cara cuando la persona pertenece a nuestro mismo grupo étnico, lo que hace difícil para nosotros identificar rasgos faciales específicos de personas de otras razas y grupos étnicos.
A medida que crecemos vamos relacionándonos con muchas personas, estaremos siempre alimentado a nuestro cerebro con lo que entra por los sentidos, en particular la vista, así aprendemos a reconocer emociones y estados anímicos de los otros,  además nos miramos al espejo prácticamente a diario, desarrollamos de esta forma una estrategia de reconocimiento y análisis facial rápida y con los suficientes “atajos cerebrales” para no gastar tanta energía mental.
El cerebro siempre está tratando de establecer pautas de pensamiento, de tal manera de crear caminos directos y suponer lo obvio, esta es una facultad de la cual se valen los magos e ilusionistas para engañar a nuestro cerebro.

Esta característica cerebral es muy importante cuando se establecen relaciones interpersonales. 
El año 2002 se realizó el siguiente experimento en una universidad de Estados Unidos:
Se seleccionaron 20 voluntarios varones y 20 mujeres.
Previamente se público las caras de cada uno de los voluntarios y voluntarias para ser analizados según su atractivo, la nota iba de 1 a 10, siendo 1 el menos y el 10 el más atractivo, fueron evaluados por más de 1000 estudiantes, los hombres fueron evaluados por mujeres y viceversa.
Después a los 40 voluntarios y según los resultados de su atractivo se les vistió completamente de negro, dejando solo la cara al descubierto y en sus cabezas un cintillo con el número que le habían asignado los 1000 estudiantes.

El experimento consideraba que nadie sabía su propio número, pero si podían ver el numero en la frente de los otros. Se les pide que se mezclen y elijan a las personas del otro sexo que les parezcan más atractivas.
Los resultados sorprendieron, los varones considerados más transactivas y buscaron parejas femeninas también consideradas las más atractivas, se relacionaron los números más altos. El mismo patrón se dio con los números medios y a su vez también con los números bajos.

Entre las conclusiones científicas se estableció que en general estamos tan habituados a analizar a las personas según nuestros propios patrones de reconocimiento, que nos es más fácil coincidir con rostros que de alguna manera tienen componentes más reconocibles por nosotros mismos y que vemos diariamente.
Por lo mismo la diversidad étnica nos hace relacionarnos con diversas características y empatizar con personas que agregamos a nuestro círculo de convivencia diaria.

Otra conclusión fue que por la misma razón vemos a todos los chinos iguales. Pero en realidad no son iguales, por ejemplo entre los asiáticos reconocen a los japoneses porque tienen los ojos más grandes que los chinos o coreanos. Los japoneses tienen su boca más ancha y los labios más finos.

Lo mismo le pasa a los asiáticos, para ellos un chileno, un peruano o un venezolano por ejemplo no evidencia mayor diferencia de fisonomía.


El efecto razas cruzadas refleja una especialización muy precoz en el reconocimiento facial.  A los tres meses, todos los bebés pueden identificar todos los rostros indistintamente, pero a los nueve meses han perdido esta capacidad y clasifican los rostros con características distintas dentro de una misma categoría. El cerebro se especializa muy pronto para procesar únicamente en detalle las señales más familiares, las personas tendemos a evaluar y juzgar a los miembros de nuestro propio grupo como mejores y más justos que los miembros de otros grupos. El significado del grupo se puede referir a la familia, compañeros de equipo en un equipo de fútbol, compañeros de clase y también diferentes razas y etnias.

Las dificultades para reconocer a personas de otras razas se deben más a una falta de convivencia con ellas que a sus características físicas y antropológicas. Distinguimos a los individuos de otros grupos étnicos en proporción a nuestro conocimiento y nuestro contacto con el grupo en su conjunto. Esto favorece la ilusión perceptiva que nos hace pensar "que todos se parecen entre sí o que son todos iguales". Al no convivir con ellos, no estamos habituados a reconocer a gente con esos rasgos faciales, no estamos entrenados para ello, nos cuesta un poco distinguir emociones.

Cuanto más interaccionamos con esos grupos étnicos empezamos poco a poco a desarrollar estrategias que nos permiten reconocer mejor ese tipo de caras. Pero aunque un occidental viviera en un barrio chino, seguiría sin distinguirles si no se relaciona con ellos. Para ello deben formar parte de nuestro entorno personal, de nuestra vida; debemos conocerlos y esforzarnos por distinguir entre uno y otro, pero como normalmente no tenemos esa necesidad de acercamiento los acabamos igualando a todos en un proceso que en psicología se llama estereotipia, un mecanismo muy común al que recurrimos porque no podemos asimilar toda la información al mismo nivel de especificidad.