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domingo, 31 de marzo de 2019

DUELO

“La muerte sola es caos.
¿Alguien ha visto un caos?
No tiene piernas, brazos.
Muerte en silla de ruedas.
Muerte, no tiene caso
ni suerte, y ruedas, ruedas.”

Cinco poemas
Armando Uribe


“Esta tarde no más aprendí
que vagar solo, triste,
es apenas un modo de la soledad,
la soledad es cómo te vas
y para no quererme más
porque la muerte
es estar siempre nunca jamás.”

Qué pasó con el sol
Quelentaro


“Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.”

Elegía
Miguel Hernández


Se piensa primero en la muerte, porque ese es, si no el origen de la palabra, por lo menos su campo semántico ordinario. Estar de duelo es estar sufriendo, ¿y qué peor sufrimiento?

Pero la palabra es susceptible de mayor amplitud. Hay duelo cada vez que hay pérdida, rechazo, frustración. Entonces lo hay siempre: no porque algunos de nuestros deseos no sean jamás satisfechos, sino pero porque nunca lo serán todos ni definitivamente.
El duelo es esa franja de insatisfacción o de horror, por lo cual lo real nos hiere, y nos posee con tanta mayor fuerza cuanto más nosotros nos atenemos a lo real.
Es lo contrario del principio de placer, o más bien, ese por qué o contra qué.
El duelo es la afrenta que hace la realidad al deseo, para así señalar su supremacía. Por esto el duelo se sitúa al costado de la muerte en primer lugar, y… por mucho tiempo: la muerte es el fracaso último que borra todos los otros.
El duelo es como una muerte anticipada, como un fracaso tanto más doloroso cuanto no es.
Estar de duelo es estar sufriendo en el doble sentido de la palabra, como dolor y como espera. El duelo es como un sufrimiento que espera su conclusión.
El duelo señala el fracaso del narcisismo donde el “yo” pierde su trono, el “yo” queda desnudo.

¿Cómo saberse vivo sin saberse mortal?

El hombre es un estudiante, el dolor y la muerte sus maestros. No los únicos por cierto, felizmente también el placer y la alegría lo son, y tal vez nos enseñan más.
La muerte no es una disciplina entre otras, una verdad entre otras, es el horizonte de todas y, para el hombre, el destino mismo del pensamiento.
El duelo es la lengua extranjera que no necesitamos aprender.

Una vez que la muerte ha pasado, ya nada es semejante: nada es como era.
El duelo señala que no somos Dios y el precio que debemos pagar. El hombre es ser mortal y amante de los mortales. El duelo es lo propio del hombre.
La muerte ingresa a la vida como un torbellino, se siente en su casa y tiene razón, la vida habita la muerte.
El duelo es la herida por la cual la vida se comprueba mortal; prisionera de lo real. Y su rehén.
  
Montaigne escribió: “Y después nosotros tememos tontamente una especie de muerte cuando ya hemos pasado y pasado por tantas otras. La flor de la edad se muere cuando pasa y cuando sobreviene la vejez; y la juventud se acaba en flor de la edad del hombre hecho. La infancia en la juventud, y el día de ayer en el de hoy que morirá en el mañana. Nada hay que permanezca y que sea siempre uno.”
El tiempo se va, el ser se va; el tiempo es el duelo del ser.

“No sabemos renunciar a nada” decía Freud,  somos desgraciados porque sufrimos, y sufrimos aun mas por ser desgraciados. De ahí las lágrimas, sentimiento de rebelión contra el horror. En esto la muerte ofrece una vez más el modelo más nítido, el más atrozmente nítido. 


El “trabajo de duelo” (escribió Freud) es el proceso psíquico por el cual la realidad se impone, y es preciso que se imponga, que nos enseñe a vivir a pesar de todo, a gozar a pesar de todo, a amar a pesar de todo, es el regreso del principio de realidad y el triunfo por ello.
La vida se impone.
La alegría se impone.





miércoles, 30 de enero de 2019

LÁGRIMAS

“Una lágrima, pero solo una”



Pocas manifestaciones emocionales tienen tanta fuerza expresiva, motivadora y en ocasiones perturbadora como el llanto. Aunque es un comportamiento humano universal, y de seguro ninguna persona adulta puede negar que haya llorado unas cuantas veces por causas emocionales a lo largo de su vida, la mayor parte de gente tiene una actitud ambivalente ante el hecho de llorar.


Por un lado, se identifica la relación de las lágrimas con el alivio, aunque sea momentáneo, de los sentimientos que las provocan, sobre todo si es sufrimiento; por otro, el llanto se suele considerar algo que hay que contener, regular y disimular en un alto número de circunstancias.

Por ejemplo, en una encuesta aplicada a treinta y dos personas de diferentes edades, aunque pertenecientes a un grupo social similar, la mayoría admite sentir alivio, desahogo, y algunos incluso una sensación agradable de relajamiento y sueño después de llorar; pero muchos de ellos refieren llorar a solas o delante de personas de extrema confianza, y casi siempre se contienen y tienden a ocultar sus lágrimas en todo lo que sea posible.

Si bien los procesos del llanto se pueden explicar y comprender desde un punto de vista fisiológico y psicológico, existe una serie de variables que parecen tener estrecha relación con los sistemas de valores, la cultura y los condicionamientos impuestos por diversos grupos sociales en determinadas épocas de la historia.
Como el nombre indica, las lágrimas emocionales son aquellas que nacen de emociones intensas. Según el portal de Internet del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, una emoción es una “Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”.
Según el psicólogo ítalo-argentino-colombiano Walter Riso, las emociones pueden catalogarse como un “subproducto arcaico del cerebro” y como tales, están emparentadas con procesos muy antiguos de interacción con el medio y defensa de la propia integridad física. Riso habla de dos tipos de emociones:

Primarias
“Las emociones primarias son aquellas con las que nacemos. Son naturales, no aprendidas, cumplen una función adaptativa, son de corta duración y se agotan a sí mismas. Las más importantes son el dolor, el miedo, la tristeza, la ira y la alegría, cada una con funciones particulares que facilitan la adaptación de la persona a cierto tipo de cambios y situaciones, así como su interacción con el medio.

Secundarias
"Son aprendidas, mentales, y aunque algunas de ellas, bien administradas, puedan llegar a ser útiles, no parecen cumplir una función biológica adaptativa. Son defensivas o manifestaciones de un problema no resuelto, y casi siempre implican debilitamiento del yo”, dice Riso

Que estas emociones pueden considerarse prolongaciones mentales de las emociones primarias, El dolor, la información corporal que nos permite saber cuándo un órgano anda mal, se extendió a supuestos “órganos mentales” y nació el sufrimiento.
El miedo, el encargado de protegernos ante el peligro, se trasladó anticipatoriamente y creó la ansiedad.

La tristeza, que permite desactivar el organismo para su posterior recuperación, se generalizó en un sentido autodestructivo en lo que se conoce como depresión psicológica.
La ira, la principal fuerza interior para vencer obstáculos, se almacenó en forma de rencor y sentimiento.
La alegría, la más poderosa e importante de las emociones, fue duramente restringida o convertida en apego al placer. (Riso, 1997: 24)
Las lágrimas emocionales también dejan una visible huella en el rostro de quien ha llorado. De igual manera, estas señales suelen funcionar como una evidencia y muchas veces son las que dan cuenta de la intensidad y duración del llanto, incluso cuando la persona se ha preocupado de disimularlo.
Por estas características se podría decir que el llanto, a más de ser un proceso fisiológico de  depuración orgánica ante las emociones intensas, es también un medio de comunicación.

Las lágrimas de angustia, de miedo, de inquietud que expresan valores amenazados por el mundo intruso;  las lágrimas del deseo insatisfecho que expresan valores irrealizados o irrealizables; las lágrimas de la desesperación que expresan valores irrealizables; las lágrimas de tristeza, de duelo que expresan valores perdidos. Según Stern, entonces, el llanto proviene de una valoración de un objeto, de un deseo, de un anhelo o de una relación que se ha perdido (lágrimas de duelo y tristeza), que tememos perder (lágrimas de angustia y miedo), que sabemos imposible de alcanzar (lágrimas de desesperanza y deseo insatisfecho) o, me atrevería a agregar, que sorpresivamente alcanzamos, en la  realidad o la imaginación (lágrimas de alegría o de emoción).






miércoles, 15 de agosto de 2018

CUENTO CORTO - Por qué lloras abuelo


“Lo importante no es mantenerse vivo sino mantenerse humano.”

1984 George Orwell



En una celda, encarcelados estaban el abuelo y el niño, quién debido a la muerte de su madre, debió vivir desde muy pequeño con aquel hombre viejo. Con el fin de hacer grata la vida al niño, el abuelo inventaba juegos, cuentos, canciones y todo lo que a su entender le hiciera olvidar su cautiverio.

Un día el niño despertó en medio de la noche y en la penumbra vio al abuelo de pie frente a la pequeña ventana mirando el horizonte lejano, se acercó sigilosamente, tomó su pierna y lo miró hacia arriba, el abuelo suspiró y una lágrima cayó en el bracito del niño quién sin entender la actitud de su abuelo héroe le preguntó: ¿abuelo por qué lloras y suspiras? amorosamente el abuelo toma al niño en sus brazos, besó su mejilla y le dijo tiernamente... si hubieras conocido la libertad sabrías el significado de mis suspiros y lágrimas.

Somos seres cautivos y no nos damos cuenta, ni siquiera lo percibimos.