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lunes, 16 de noviembre de 2020

DOLOR Y EL ANIMAL HUMANO

“La poesía es anticuada para quienes están saciados,
pero cuando lo real es insoportable, 
adquiere el valor de un arma para sobrevivir.”
 
Boris Cyrulnik



Los hombres, según su condición social o su historia personal, no reaccionan de la misma manera frente a una herida o enfermedad idénticas; no tienen el mismo umbral de sensibilidad. No existe una actitud establecida en relación con el dolor, sino una probable, pero incierta, reveladora a veces, de resistencias insospechadas, o a la inversa, de unas debilidades inesperadas, una actitud que también se modula según las circunstancias. La anatomía y la fisiología no bastan para explicar estas variaciones sociales, culturales, personales e incluso contextuales. La relación íntima con el dolor depende del significado que este revista en el momento en que afecta al individuo. Al sentir sus horrores, este no es el receptáculo pasivo de un órgano especializado que registra vaivenes impersonales de tipo fisiológico. La manera en que el hombre se apropia de la cultura, de unos valores que son los suyos, de su relación con el mundo, suponen un entramado decisivo para su aprehensión. Porque el dolor es, en primer lugar, un hecho situacional. La experiencia nos muestra, por ejemplo, la importancia del medio, incluso del puramente profesional, para el alivio y la tranquilidad del enfermo. Los terapeutas que suministran atención paliativa saben que una palabra amable o una mano sobre la frente, la presencia junto al lecho del paciente, son los antiálgicos más eficaces, aunque no basten. En verdad, el dolor es íntimo, pero también está impregnado de materia social, cultural, relacional, y es fruto de una educación. No escapa al vínculo social.

En la tradición de Aristóteles, durante mucho tiempo, el dolor se concibió como una forma particular de la emoción, una dimensión del afectado en su intimidad. Más tarde, la filosofía mecanicista, en particular en la obra de Descartes, definió el dolor como una sensación producida por el mecanismo corporal. Se ocultaba la parte del hombre en la construcción del sufrimiento; este se veía como un efecto mecánico de saturación, simple consecuencia de un exceso de búsqueda de sentido. La biología gozaba el privilegio de estudiar el “mecanismo” del influjo doloroso, describir con la objetividad requerida el origen, el recorrido, y el punto de llegada de un estímulo. La psicología o la filosofía relataban la anécdota del dolor, es decir, la experiencia subjetiva del individuo. Esta teoría desemboca en la idea de la especifidad de un sistema receptor cutáneo que transportaba directamente una excitación nerviosa, gracias a fibras propias, hasta un centro del dolor situado en el cerebro. La mecánica neuronal y cerebral conduce el influjo doloroso y así lo sustenta; el hombre no es más que una hipótesis secundaria, y hasta desdeñable, el fenómeno sólo concierne a la “máquina del cuerpo”. Sin embargo, para comprender las sensaciones en las cuales está en juego el cuerpo no hay que buscar en el cuerpo, sino en el individuo, con toda la complejidad de su historia personal.

Las emociones más directamente relacionadas con el dolor son el miedo y la tristeza, y llevan a un conjunto de cambios fisiológicos, cognitivos y conductuales que pueden caracterizarse clínicamente con los rótulos de ansiedad y depresión. Tanto la ansiedad como la depresión producen un agravamiento en el problema del dolor. Este agravamiento se produce principalmente, por la actitud pasiva, la reducción de la actividad general, la adopción del rol de enfermo, de incapacitado, etc. Todos estos cambios afectan negativamente al paciente en general, y también dificulta seriamente la solución del problema del dolor. Otra emoción que suele estar asociada a la valoración cognitiva del dolor, y a la que se le ha prestado menor atención es la ira. Algunos autores consideran que la respuesta natural al dolor es la ira. La ira se va a expresar mediante rasgos o factores de predisposición como la hostilidad, o más allá, como mediante la agresión. También desde un punto de vista clínico, como es conocido, la ira puede ir dirigida hacia el propio paciente, hacia los demás, o como punto intermedio entre ambas la agresividad pasiva. Esta agresividad, supone una comunicación a los demás de la ira en términos encubiertos, no cooperativos, a diferencia de la presentación manifiesta de la ira. Cuando la ira se expresa, a pesar de su fuerte rechazo social, se producen un sinnúmero de problemas. Algunos autores se refieren a la hostilidad cínica para hablar de una forma de comportarse los pacientes de dolor crónico, que mantienen una actitud de desconfianza y resentimiento, dificultan, sí no impiden, la relación terapéutica. La alternativa más adecuada es la regulación de la ira. Esto es, buscar una expresión adecuada y positiva de ésta. Se trata de abordar la situación negativa y desagradable de padecer un dolor crónico como un medio para aprender y ser capaz de resolverlo eficazmente, sin reprimir las emociones. La ansiedad y la depresión son, desde un punto de vista clínico, los factores emocionales más importantes en el estudio y tratamiento del dolor crónico. 

La ansiedad, en tanto que activación fisiológica no es necesariamente negativa en la modulación del dolor. Tradicionalmente se ha considerado que el miedo y la ansiedad producían una disminución de dolor. La propuesta de Bolles y Fanselow fue muy sugerente, puesto que con argumentos biológicos y de comportamiento adaptativo defendía una inducción de la modulación del dolor mediante la generación de miedo y ansiedad. Esto planteaba la paradoja de que el dolor podría ser reducido por la ansiedad y el miedo que producía el mismo dolor. Los conocimientos actuales apoyan en parte la posición de Bolles y Fanselow, el miedo y la ansiedad pueden reducir el dolor, pero solo cuando dicho miedo y/o ansiedad está producido por una situación que no tiene que ver con el dolor. Por otro lado, la ansiedad derivada del dolor produce un aumento en la percepción de este. Janssen y Arntz, han desentrañado en parte el medio por el que esas situaciones ajenas al dolor que provocan miedo o ansiedad reducen el dolor. Ejercen su efecto positivo porque disminuyen el foco de atención sobre el dolor, así el hecho de atender de forma intensa (hasta el extremo que provoque ansiedad) a una situación ajena al dolor, provoca la reducción de este. Por otro lado, resulta también posible que el aumento en la liberación de opiáceos endógenos ligados a la exposición a la situación ansiógena, facilite el sistema de modulación antinociceptivo. Por tanto las emociones pueden ejercer un efecto positivo, desde el punto de vista atencional y de modulación nociceptiva, siempre que no estén relacionadas con el dolor.

 

jueves, 4 de abril de 2019

RACISMO

"La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas"
Albert Camus


"No soy negro, soy hombre"
Martin Luther King 


"Al final no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos.”
Martin Luther King 


Últimamente hemos sido testigos de diversas conductas racistas en el país (Chile), ejemplos hay muchos, van desde simples malas palabras a situaciones extremadamente agresivas con lamentables resultados.

El tema es complejo y visto a la rápida pareciera inherente a la especie. Existen muchas causas, comerciales, políticas, laborales, etc. Todas razones que repercuten en acciones enmascaradas tras variadas formas de representación del racismo.



Conductas individuales
Se habla de la empatía como la gran solución a muchos de los problemas sociológicos de nuestra época (incluyendo el racismo) sin embargo la historia ha seguido mirando la barbarie sin que se haya superado en lo más mínimo a través de los años; la crueldad y la ambición de la especie humana sobre la misma especie humana. 
Los humanos somos así, si bien la empatía, el amor, la compasión, la caridad son emociones importantísimas, también nos obliga a ser críticos, porque la conciencia humana hasta hoy solo no ha sido eficaz, sino que también se ha transformado en un espectador o administrador parcial de la ética y más aún, diría que de la moral.

De las emociones, la empatía y la compasión son uno de los rasgos humanos más importantes, pero si bien podemos ser sumisos y buenos, también podemos ser altaneros y agresivos. Éstas emociones son llamadas emociones destructivas. En este contexto si bien los hombres poseemos la capacidad de sentir emociones, no todas están en el mismo nivel, ni son comparables entre ellas. Las hay primarias, secundarias y otras son mezclas entre ellas o mezclas de mezclas.


Emociones  destructivas
Entre todas las emociones, la ira y la intolerancia ocupan un papel predominante, son potentes y se denominan emociones destructivas. Pero aun así, entre ambas la ira tiene por lo menos un "mejor diagnóstico" para su manejo. 

La ira se manifiesta de manera incipiente al principio, y alcanza rápidamente el punto máximo hasta decaer nuevamente, si se graficara la curva de la ira y fijáramos el  inicio en la intersección de los ejes (“x” e “y”) veríamos que si bien inicia en cero, alcanza rápidamente el punto máximo (peak de la curva) y nuevamente decae. Lo malo es que es una expresión de suma violencia donde no se miden consecuencias. Lo bueno es que dura muy poco, aunque depende de cada persona, no es mas de unos minutos, de acá el sabio dicho que dice que antes de ponerte iracundo cuentes hasta diez, porque una vez superado el pasaje sin dejarse llevar, se puede tener mayor control y no caer en excesos.


Curva fases de la ira
Intolerancia
Los seres humanos no andamos en nuestra vida permanente con ira o rabia, pero la intolerancia no es así, en este contexto es peor que la ira, porque un intolerante puede vivir siéndolo toda la vida, ahí está la diferencia y lo grave.

En el libro Emociones Destructivas, escrito por Francisco Varela y Daniel Goleman, aconsejan promover un ramo de empatía en la enseñanza primaria, concursos de debate a nivel de enseñanza básica y media, y por otro lado limitar al máximo los indicios de emociones destructivas, de modo de empeñarse en castrarlas desde su inicio, al punto de no promover siquiera los chistes de intolerancia, xenofobia o bullying.

El racismo es uno de los aspectos más fuertemente vinculado a la intolerancia, pero aún más; el peligro no radica solo en eso, la intolerancia y el racismo son como una verdadera pandemia, está demostrado que se  contagia rápidamente en las sociedades rebaño, si eres un racista incipiente no dudarás en sumarte al rebaño (tema conocido en los estudios de psicología de masas). 
La intolerancia espera hasta cuándo puede evidenciarse, vive en la mente de los intolerantes. Nadie anda por la vida diciendo "soy intolerante" o "soy racista" o "soy homofóbico" o "xenófobo", etc. Pero al menor indicio, el intolerante se mostrará en cualquier faceta.

El clásico ejemplo es el de la Alemania nazi, donde desde 1914 ya se vislumbra la intolerancia racista hasta despercudirse de los ropajes políticos y someterse al absolutismo fascista. El racismo corroyó en la segunda guerra a tal punto la conciencia de los alemanes que naturalizó el desprecio y la valoración de los seres humanos solo por su origen étnico. 
Cuando estás feliz, esa emoción es tuya y solo tuya, cuando sientes ira pasa igual, la emoción es tuya hasta que se termina porque nadie vive con ira permanente todos los días de la vida, pero no es el caso de la intolerancia, puedes vivir toda tu vida siéndolo.

Estas conductas si bien tienen una condena social, son pocos los que están en conocimiento del daño que conllevan en sí. El investigador John Kekes hace un descarnado análisis a la intolerancia en su libro Las raíces del Mal.
En uno de los cinco capítulos relata el caso del comandante nazi Franz Stangl, quién estuvo a cargo del campo de exterminio llamado Treblinka, ubicado en Polonia. Este alto oficial vestía uniforme de color blanco y su casa estaba ubicada a 30 mt. del campo de exterminio, hizo abrir una gran ventana en el comedor de su casa para poder mirar el campo mientras almorzaba con su familia, daba sus caminatas diarias por el campo de exterminio acompañado de la mano de su hija de cinco años vestida también de blanco.
El campo de Treblinka fue uno de los dos campos de exterminio donde se exterminó al mayor número de prisioneros y se realizó también la mayor cantidad experimentos médicos. Una vez terminada la guerra Stangl fue juzgado y condenado. En este estado Kekes lo visitó en la cárcel solo dos meses antes de su fallecimiento a causa de una enfermedad terminal, sabiendo esto Stangl nunca mostró algún arrepentimiento por lo hecho. Siempre su excusa fue que “cumplió órdenes y en ese sentido fue un buen oficial.”

Al respecto agrega Kekes: Nunca el comandante Stangl mostró arrepiento, sino que se escondió bajo el pretexto de que un buen militar siempre acata órdenes, lo que omitió Stangl fue que antes que él, hubo 11 oficiales que no aceptaron el cargo y varios de esos oficiales fueron asesinados por el mismo régimen nazi.

El racismo siempre busca prolongarse con otras excusas, tentáculos bárbaros directo a las conciencias, pero con un origen claro y evidente... la intolerancia. Los extranjeros nos quitan el trabajo, son delincuentes, son sucios, son bulliciosos, etc. todas razones que por sí mismas se desarman como racimo de uvas, pero sí representan la bandera racista, intolerante llena de odio.
En la Alemana nazi, el problema no fueron solamente los judíos, antes de ellos habían ocupado los mismos campos de exterminio los comunistas, los gitanos, los enfermos mentales, las personas mutiladas, los intelectuales, los escritores, los polacos, y cuánto opositor había, etc. Todo el que no se ajustará al estándar racial de la raza pura y superior. 

Kekes escribe: todos aquellos que desempeñaron un papel en el drama se creían motivados por impulsos patrióticos y altruistas. Todos podían dar más valor a sus buenas intenciones que a la vida humana. Se instruyó a los ejecutores que asesinaran a dos o tres judíos con una misma bala, juntos; cabeza con cabeza, así se ahorraba decían, y si eras negro no merecías el gasto de una bala, se instruyó asesinar a esos seres humanos solo con machetes o golpes en la cabeza.
Refiriéndose al comandante Stangl señala, su descontrolada pasión no le permitió ver los simples requisitos de la razón y la moral y lo llevó a decapitar, ahogar, enterrar y destripar vivas a miles de personas simplemente porque sospechaba que podían no estar de acuerdo con las visiones a las que se aferraba.

Nadie (o la gran mayoría) dice a viva voz "soy racista", sino que es una excusa solapada, total cualquier motivo siempre será válido para promover el odio.