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lunes, 25 de marzo de 2019

SHAKESPEARE EL GENIO QUE SEDUCE CON LA PLUMA

“Para engañar al mundo, toma del mundo la apariencia; 
pon una bienvenida en tu mirada y en tus manos y lengua;
 procúrate el inocente aspecto de una flor 
pero sé tú la víbora que oculta.”

Macbeth
William Shakespeare


Hoy terminé de leer Macbeth por segunda vez, nuevamente he quedado petrificado frente a la majestuosidad de Shakespeare. La verdad es que no puedo acallar mi ánimo frente a este tremendo genio.  Por favor, aunque no lean, déjenme vivir este momento de sublime asombro.



 Macbeth es la tragedia más corta de Shakespeare, y cuenta la historia de un valiente general escocés llamado Macbeth, quien recibe una profecía de un trío de brujas, esta es que un día se convertirá en rey de Escocia. Consumido por la ambición y estimulado e incitado por su esposa, Macbeth asesina al rey Duncan y toma el trono para sí mismo. Entonces es atormentado por la culpa y la paranoia, y pronto se convierte en un tirano al verse obligado a cometer cada vez más asesinatos para protegerse de la enemistad y la desconfianza. Por lo tanto, el baño de sangre y la consecuente guerra civil, rápidamente toman a Macbeth y Lady Macbeth hacia los reinos de la arrogancia, la locura y la muerte.

Es increíble cómo el genio de Shakespeare entremezcla virtudes y emociones en una historia llena de verdades.

Arrepentimiento y perdón.
Amistad y falsa amistad.
Consejos y enseñanzas.
Venganza y justicia.
Muerte.
Mentira, engaño y manipulación.
Amor y paz.
Lealtad, honor, conciencia, honradez y fidelidad.
Tristeza, depresión, indignación y pena.
Juventud y amor.
Honor.
Patriotismo.
Sabiduría.
Pesimismo.
Codicia.
Asesinatos.

Una de las cosas grandes de los libros de Shakespeare es que aun de los aspectos negativos se sacan conclusiones con las que uno puede reflexionar, como por ejemplo cuando los personajes malvados siempre sufren su castigo o que hasta la persona más dañina siempre tiene un momento para llegar a arrepentirse por todo lo que ha hecho. Muchas veces he pensado que Shakespeare creaba estas obras y personajes para mostrarle a los espectadores y lectores algunas enseñanzas y moralejas, como por ejemplo las que: la venganza nunca es la solución, piensa antes de actuar, etc. y otras como la de honrar a tu padre y madre, escuchar siempre a los mayores y sabios, aspirar a la justicia y la paz, etc.

A Macbeth lo atormenta la culpa y aun así nunca pierde la humanidad. Qué buena lección para la especie humana.

domingo, 24 de febrero de 2019

YO, SUPERYÓ, CULPA

“Tú no tenías la culpa de haber nacido sin corazón. 
Por lo menos, intentabas creer en lo que creía la gente que tenía corazón
...Así que fuiste un buen hombre, después de todo."

Kurt Vonnegut

El sentimiento de culpa fue definido por Sigmund Freud como la expresión de la tensión existente entre el Yo y el Superyó. Esta definición presupone la existencia de un Yo que se puede objetivar a sí mismo, es decir, ser al mismo tiempo sujeto y objeto de conocimiento. Así pues, el sentimiento de culpa es propiedad del hombre y no significa necesariamente su alienación como sucede en el caso de quien infringe una norma aceptada e integrada por el Yo; tal sentimiento de culpa es en realidad un discernimiento de la conciencia, es el punto de partida de una reparación activa y de un retorno consciente.




Sin embargo, un sentimiento de culpabilidad inconsciente, vago o falsamente localizado, acompañado de una angustia impotente ante un Superyó, en parte heterónomo (que está sometido a un poder externo), es verdaderamente la "mala conciencia", "la conciencia infeliz".

El Superyó se forma de acuerdo con la imagen y las exigencias de los padres; abarca las normas y las limitaciones que por la introyección (introyección es un proceso psicológico por el que se hacen propios rasgos, conductas u otros fragmentos del mundo que nos rodea, especialmente de la personalidad de otros sujetos) se han convertido en una instancia personal. Estas normas, al principio incomprensibles cuando se es niño, son aceptadas, en primer lugar, gracias a la identificación con los padres; serán lógicas en la medida en que sean integradas por los padres. Por otra parte, el proceso de la identificación no obedece técnicamente a la represión (Represión es un mecanismo de defensa que consiste en expulsar de la conciencia deseos, sentimientos o pensamientos) sino que es la expresión de la auto sublimación humana, puesto que el hombre es el único ser viviente que crea una cultura histórica, toda transgresión de esta tendencia sublimante,  actualizada por la tensión existente entre el nivel de desarrollo alcanzado y el que está por alcanzarse, es una fuente de sentimiento normal de culpabilidad. Pero el Superyó suele ser ya en los padres una instancia parcialmente extraña y pesa sobre el desarrollo del niño; es así como la semilla de la alienación se trasmite al niño y se convierte en germen de su propia alienación. Este proceso es también fácilmente apreciable en un régimen de educación extremadamente riguroso o severo en materias morales o de disciplina, perfeccionista o inconsecuente: el niño no será aceptado tal como es,  será solo como imagen ideal. El niño será culpable de ser  quién es. En todos los casos, una discordancia muy grande entre el Yo y el Superyó provoca la inseguridad y la vivencia de la culpa. La imperfección real con relación ideal será experimentada también como culpabilidad y llevará a tratar de reprimir esta auto-negación. El niño vivirá, entonces, de acuerdo con una escala de valores exteriores que no corresponde ni a sus cualidades personales ni al periodo de desarrollo alcanzado.