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martes, 9 de abril de 2019

TEORÍA DE LA DEPENDENCIA

 “Economista es un experto que mañana sabrá explicar por qué 
las cosas que predijo ayer no han sucedido hoy.”

Lawrence J. Peter


Cuando los miembros de una sociedad se preguntan acerca de cómo deben ser distribuidos equitativamente los beneficios, oportunidades y cargas que resultan de la cooperación social, se hacen una pregunta normativa sobre cómo debe ser establecida tal distribución. Cuando esta pregunta normativa apunta a identificar los criterios que deben guiar a las personas, grupos y Comunidades, hablamos en consecuencia de una ética de la distribución. Cuando esta pregunta normativa lleva esos criterios éticos a la evaluación de las prácticas e instituciones sociales y políticas respecto de beneficios, oportunidades y cargas socialmente escasos, hablamos de teorías de justicia distributiva. Y cuando nos preguntamos qué criterios distributivos deben diseñar y organizar el conjunto de instituciones sociales, políticas y económicas que conforman un Estado nacional o un conglomerado de naciones, estamos en presencia de una reflexión que la filosofía política contemporánea denomina justicia social.

En América Latina, la vulnerabilidad de los Estados y la dependencia económica y política a los centros metropolitanos ha impedido la consolidación de una institucionalización de la justicia social, al modo como la desarrollaron, por ejemplo, los Estados de Bienestar. Esto se acentuó a partir del final de la década del 70 del siglo pasado con la adopción de lo que se denominó el consenso de Washington, diametralmente distinto al consenso por la reconstrucción económica, política y social que tuvo lugar en Europa finalizada la Segunda Guerra Mundial. Este consenso en realidad fue más bien una suerte de lenguaje común de las elites gobernantes latinoamericanas que coincidían en identificar una serie de medidas económicas y productivas liberalizadoras, junto con la reducción de la presencia del Estado en sectores estratégicos del bienestar y la seguridad
social. La adopción de este consenso en América Latina se sobrepuso y se acomodó a lo que en los años 60s y 70s se conoció en el subcontinente como la teoría de la dependencia. La condición de subdesarrollo del bienestar social en los países latinoamericanos la explica la teoría de la dependencia como una expresión de la subordinación de los países del sur a las políticas comerciales e industriales de los países del norte. Mirado en perspectiva, la reflexión sobre el desarrollo y el bienestar social tanto en Europa como en Latinoamérica no puede mirarse como fenómenos independientes. La experiencia del bienestar social, la paulatina liberalización de los mercados junto a la reducción de los Estados y la creciente relevancia de los mercados financieros en los últimos veinte años ha hecho urgente volver a pensar cómo entender las demandas de justicia social en un panorama global que hace urgente una mirada filosófica sobre los fundamentos normativos con los que vamos a construir las sociedades justas que vienen.