jueves, 15 de octubre de 2020

GUSTAVO GATICA, FABIOLA CAMPILLAY, ESTALLIDO SOCIAL CHILE

“La integridad no está sujeta a reglas.”
Albert Camus 



Las siguientes letras están escritas en recuerdo de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay, los que entre más de 400 casos de mutilaciones oculares que ha habido en el “Estallido social” en Chile (Octubre 2019), el de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay son los que han impactado mayormente en el pueblo chileno, ambos jóvenes perdieron la totalidad de la visión tras recibir impactos por parte de fuerzas especiales de la policía. Gustavo se encontraba en “plaza de la dignidad” fotografiando cuando recibió el impacto y, Fabiola recibió una bomba lacrimógena en el rostro mientras esperaba locomoción en San Bernardo para dirigirse a su trabajo. Sin embargo, los responsables de estos hechos siguen en total impunidad.


NÁUSEA

Náusea
símbolos
simbología poco estética
todo junto e irreal
dentro de la burbuja revolucionaria
hasta la náusea
tentando a los represores
desde prudente distancia
tentando a los represores
a inútiles confrontaciones
hasta el vómito
leo los periódicos
buscando rostros amigos
encuentro ciegos
rebosantes de épica
hasta el vómito
recuerdo cien batallas
recubiertas de decisiones
de la exageración
hasta la náusea
hasta el vomito
disociamos las palabras de la vida
los hechos de las letras
la vigilia del sueño
hasta la náusea
sin redención
condenados sin perdón
sin otra vez
hasta la náusea
sufrimos y arrojamos
la mentira
la historia se hace
ciega, lúcida
la historia se niega
pero la verdad no se ve
porque la verdad es ciega
para Gustavo y Fabiola.











martes, 6 de octubre de 2020

EL CONCEPTO DE DIOS

“Pero había descubierto que las cosas 
imaginarias eran a menudo lo único 
que tenía verdadera sustancia en la vida.” 

El aliento de los dioses
Brandon Sanderson


“Incluso luego, en las trece noches que siguieron a aquella, 
instintivamente se aferraron a las pequeñas cosas. 
Las grandes cosas siempre quedaban dentro. 
Sabían que no tenían adonde ir. 
No tenían nada. Ningún futuro. 
Así que se aferraron a las pequeñas cosas.” 

El dios de las pequeñas cosas
Arundhati Roy

 


“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. 
¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? 
el más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído
se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: 
¿quién limpiará esta sangre de nosotros? 
¿Qué agua nos limpiará? 
¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? 
¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? 
¿Debemos aparecer dignos de ella? 

La gaya ciencia 
Friedrich Nietzsche


A lo largo de algunas de las presentaciones a cerca del concepto de dios, se recurre a la frase acuñada por Nietzsche sobre la muerte de Dios. Para seguir con la misma imagen diríamos que la idea de un concepto que no se entierra junto al muerto podría explicar la dispersión del texto. Esta es la sugerencia que hace Alajandro Tomasini, cuando dice que: “la muerte de Dios, no es entonces más que la expresión de la carencia de un concepto, el concepto de Dios”. Para Francois Houtart, el estudio sociológico nos explica que estamos viviendo una época donde Dios es una palabra que se ha diversificado, que es parte de un discurso fragmentado. Nos presenta una divinidad producida por las condiciones sociales y que responde a intereses diversos y, en ocasiones, contrarios. Al dictamen del historiador el filósofo del lenguaje y el sociólogo, se suma el de Hans Saettele que presenta la postura del psicoanálisis:


Freud afirma que la condición de posibilidad 
de la relación a un origen común, en tanto 
es condición de posibilidad del lazo social, 
no es otra cosa que el asesinato del padre, 
esto es, la abolición del origen en tanto real. 
Sólo el padre muerto puede devenir Dios, 
padre simbólico y origen absoluto. 
Dios no es otra cosa que la reencarnación, 
un proceso de elación, del padre asesinado.

La propuesta de un concepto muerto que nace como consecuencia de una elaboración del asesinato del padre, y que da origen a la cultura, es un argumento más para los que descartan que exista un espacio común para la reflexión. Estos autores nos ayudan a entender por qué los discursos se desparraman sin la menor intención de encontrarse. Nos presentan a Dios en la vitrina de un peculiar museo antropológico. El de la sala de las lenguas, el de las estructuras sociales, el de los procesos psíquicos o la historia de las ideas. A este museo se suman Albert Kasanda, presentando el concepto negro africano de Dios, Jorge Velásquez Delgado, que habla de Marsilio Ficino y el Renacimiento italiano, y Armando Cíntora, que analiza los fundamentos de la axiología propuestos por Larry Laudan. Al parecer este podría ser el destino de todo debate filosófico que aborda el tema del concepto de Dios. El de presentar la historia de una secularización que terminó avergonzándose de su pasado, de haber sido tan ingenua o inmadura, por haber podido creer en algo así. La reflexión filosófica en torno a la divinidad parece un ejercicio expiatorio, un intento por separarse de lo que se presenta como un momento ya superado en el desarrollo humano. ¿Será este el sentido de esta recopilación: el reconocer que su búsqueda corresponde a un desarrollo incompleto de la psique humana o a los intereses de clase o a un uso incorrecto del lenguaje? Luis Villoro nos presenta una reflexión que titula “El concepto de Dios y la pregunta por el sentido”. El filósofo no considera que el análisis del lenguaje haya dicho su última palabra en torno a la búsqueda de sentido. Nos sugiere retomar el debate recordándonos que si la pregunta es por el sentido debemos clarificar de qué estamos hablando. Al respecto nos sugiere que: “Podemos ahora proponer una definición aproximada: tener sentido es un elemento integrado en una totalidad de modo que adquiera valor en ella. El sentido de un hecho o de un ente es, pues, aquello por lo cual pertenece a un todouno”.

El mundo es la suma de los hechos. Decir que la Divinidad es el sentido del mundo es afirmar que no puede ser un hecho más en esa suma, aunque puede manifestarse en todo hecho. Por ello, la Divinidad es trascendente a cualquier hecho. No porque fuera una entidad existente en otra región de hechos (en un cielo o un trasmundo) sino porque no es un ente, sino aquello por lo que todo ente tiene sentido y valor. Si enumeramos todas las cosas que componen el universo, la Divinidad no podría aparecer en esa suma; al igual que el sentido y el valor de una vida no podrían registrarse como un acontecimiento entre los que la componen, ni el sentido de una máquina de reduce a uno de sus engranes. La pregunta por el sentido se sitúa a una distancia razonada del mundo que la enuncia. La dispersión de los conceptos se produce en un discurso que lo permita enlazar a partir de sus desencuentros. El mundo de los hombres se deconstruye ante la comprensión de un hombre que lo puede seguir expresando. El rescate del sentido surge de las ruinas, de los escombros de una Torre de Babel que simboliza el discurso de la modernidad. Las obras de reconstrucción han permitido toda ingenuidad. Como parte de esta tarea se exige una revisión de la historia de la filosofía. Volver a la escena del crimen y reconstruir los hechos. Dulce María Granja acude puntualmente a la cita y nos aclara que: “Según el método kantiano, Dios no es ya un ser trascendente, es decir, el objeto supremo que existe más allá de toda experiencia. Ahora pasará a ser un ideal trascendental”.

Pero ¿para qué fin puede haber sido creada la negación de Dios? Esta puede ser elevada mediante actos de caridad. Porque si alguien acude a ti y te pide ayuda, no lo despedirás con palabras piadosas, diciéndole: ‘¡Ten fe y cuenta tus penas a Dios!’ Actuarás como si no hubiera Dios, como si hubiera una sola persona que pudiera ayudar a ese hombre, sólo tú mismo.

 

 

 


domingo, 4 de octubre de 2020

LA PLURALIDAD DE LA VIDA

 

“Mientras por su naturaleza la vida tiende al pluralismo, 
a la variedad de coloridos, a organizarse y constituirse de manera independiente, 
en definitiva, a realizar su libertad, el sistema postotalitario exige monolitismo, 
uniformidad y disciplina; mientras la vida tiende a crear estructuras inverosímiles 
siempre nuevas, el sistema postotalitario le impone las situaciones más verosímiles".
El poder de los sin poder
Václav Havel 


La pluralidad de las tendencias humanas parece, según los conocimientos de que disponemos, que el ser humano es el único que encuentra dificultades para ser lo que es. Por esto tal vez podríamos decir, que en nuestro caso vivir no está exento de dificultades. Nuestra vida no se limita a un despliegue espontáneo de nuestras capacidades, sino que se desarrolla en una situación que cambia constantemente. Adopta así la forma de un combate por superar una multitud de problemas que se suceden incesantemente. Estos son a veces radicales, y ponen en peligro nuestra integridad; pero, habitualmente, lo que ponen más bien en peligro es los proyectos que emprendemos. No es que vivamos constantemente a la defensiva; muchas veces esos proyectos se dirigen a imponernos sobre la realidad. Pero tanto la defensa como el ataque forman parte del combate. Y el combatiente no actúa tan sólo según su voluntad, pues se encuentra a merced de su rival. Es claro que este carácter agresivo de nuestra vida lo compartimos con los otros seres animados. Podríamos decir que el grado de perfección del viviente estriba en su mayor o menor capacidad para superar los obstáculos que le asaltan, e, incluso, en la mayor susceptibilidad ante ellos, pues una vida más amplia implica una mayor vulnerabilidad: cuantas más pretensiones, más flancos se ofrecen. Lo que, sin embargo, no parecemos compartir con los otros animales es la vacilación angustiosa, la duda paralizante; parece que el animal tiene problemas, pero no se los plantea reflexivamente, no los vive como tales. El animal sufre, huye, desiste, se entristece y desespera, pero todo ello forma en él una unidad con el fluir de su vida, y no se plantea alternativas en su conciencia mientras renuncia a ellas.
 Ser animal debe ser a veces fatigoso. Para ser animal sólo hace falta serlo; el hombre, en cambio, puede ser humano de muchas maneras, y emprender una u otra en un momento dado se encuentra en sus manos. Pero no es sólo lo externo lo que nos plantea problemas. Las dificultades se encuentran también dentro de nosotros mismos. Del mismo modo que la situación en que actuamos es compleja y cambiante, también lo somos nosotros. Diría que es bastante compleja: nuestra vida se organiza en torno a nuestras tendencias y no resulta fácil reducirlas todas a la unidad. Y, por añadidura, cambiante: las diversas tendencias hacen sentir su influjo sucediéndose unas a otras en virtud de causas que a menudo ignoramos.
Tender, en primer lugar, alberga una connotación temporal. No se puede hablar de tendencia si no hay un movimiento determinable según un antes y un después. Se trata de un concepto muy amplio que se puede aplicar a todo lo real, desde lo inanimado a lo animado, y que podemos describir como una orientación inscrita en un ser y capaz de originar en él un cambio. Por eso aceptar su existencia equivale a afirmar que es posible la copertenencia entre movimiento y móvil, entre forma y eficiencia, pues el cambio originado por el tender excluye la inercia. Esto se ve claramente en la vida. Considerar a un ser vivo al margen del movimiento es desconocerlo como lo que es, es decir, como viviente, pues vivir es inseparable de las operaciones vitales. Por eso se puede decir que somos capaces de apoderarnos del tiempo, de vivirlo, en la medida en que tenemos tendencias, porque tener tendencias implica que el tiempo no sólo pasa por nosotros como algo externo y perturbador, sino que forma parte de lo que somos. Y hasta tal punto nos determina que cabe afirmar que, más que tener tendencias, somos seres tendenciales.
A lo largo de la historia del pensamiento se han ensayado varias clasificaciones de las tendencias humanas, que, de un modo u otro, siempre han constatado, al menos en el nivel de los fenómenos, esta pluralidad. Los seres humanos compartimos algunas con los otros cuerpos y con los vivientes vegetales. En este sentido, somos la sede de procesos originados interiormente. Los antiguos atribuían sin vacilar tendencias a los seres inanimados; algo a lo que el mecanicismo nos ha desacostumbrado. Hablaban de inclinación natural, afirmaban, por ejemplo, que los cuerpos con más peso caen porque tienden hacia su lugar natural, y lo mismo podríamos decir de las diversas propiedades de cada uno de los elementos y compuestos materiales. Lo cierto es que, aun prescindiendo de la física y la cosmología de la antigüedad, parece que debemos atribuir tendencias también a los seres sin conocimiento, sean orgánicos o inorgánicos, en la medida en que estamos dispuestos a afirmar que en algunas ocasiones son ellos los que actúan o que les corresponden realmente determinadas propiedades. Pero, como cognoscentes, somos también sujetos de otro tipo de tendencias. Son las que han recibido el nombre de apetitos elícitos (apetito: “tender hacia”, elícito: es el apetito que resulta de un conocimiento previo), es decir, aquellas que se suscitan respecto de los objetos de nuestro conocimiento. Habitualmente son éstas las que se toman en consideración cuando se estudia al hombre.
Solemos hablar de las tendencias sensibles como de algo que se encuentra constitutivamente en el viviente, como inclinaciones u orientaciones de éste que sólo necesitan una ocasión propicia para manifestarse. Pero es preciso no olvidar que la ocasión propicia no sirve de nada en este caso si no media el conocimiento, que es una de las actividades del viviente. En realidad no hay tendencias sensibles propiamente dichas, es decir, actuantes, hasta que el objeto es conocido, pues, a diferencia de las tendencias naturales, el conocimiento del sujeto forma parte de la tendencia. Así pues, podemos hablar de dos estados de la tendencia: uno latente y otro manifiesto. La tendencia conocida se traduce en lo que solemos llamar sentimientos, pasiones o emociones. Ortega lo expresa con una bella imagen: “si las tendencias son el viento, los sentimientos son las velas”. Como toda imagen, es buena sólo a medias, pues no puede hacernos olvidar que, en realidad, las tendencias sensibles son inseparables de los sentimientos, ya que, la tendencia sensible es una mera posibilidad de “tender” hasta que de hecho conocemos. Por así decir, el viento de que hablamos no afecta a la nave, sino en la medida en que su vela es por él henchida. Esto explica porqué la misma tendencia puede producir modos de vivir distintos según se vierta en unos sentimientos o en otros; y sugiere que unos sentimientos más diversificados equivalen a un mejor aprovechamiento de aquélla. Por otra parte estas tendencias se despiertan respecto de ámbitos determinados de lo real, y sólo en la medida en que se encuentran conectados de algún modo con el organismo y sus necesidades.

jueves, 27 de agosto de 2020

NIETZSCHE, ARTE en El Nacimiento de la Tragedia

“El canto es de los andamios
para alcanzar las estrellas,
que el canto tiene sentido
cuando palpita en las venas
del que morirá cantando
las verdades verdaderas.”

Manifiesto 
Víctor Jara

¿El arte debe ser comprometido? Pregunta corta pero de muy largas respuestas. Lo concreto es que los que dicen que si y no, se reparten en dos mitades la torta de la opinión. Personalmente tengo mi opción, influenciada tal vez. Creo que la imparcialidad es muy necesaria a la hora de analizar. Hay muchos y bastante serios intelectuales que han dado sus opiniones. En este sentido respondo esa pregunta a través de la propuesta que hace el filósofo en el libro El Nacimiento de la Tragedia.


Desde el principio hasta el final, el escrito mantiene la firme convicción de que el arte hay que comprenderlo no como un ámbito cerrado en sí mismo o como una actividad o como una experiencia separada del resto de la vida, sino más bien como algo que está íntimamente vinculado a la propia vida. Sería un error pensar que el arte tiene una relación meramente complementaria con la realidad, o que se experimenta la vida y el arte como cosas separadas. La propia esencia del arte es ser “función de la vida” y su máxima expresividad la alcanza en y a través de la vida. Este es uno de los mayores aportes dice Nietzsche: ver el arte desde la perspectiva de la vida.
Todo el pensamiento de Nietzsche gira en torno a una idea central, que con más o menos variantes articula las distintas perspectivas de la filosofía. Se trata de la idea de vida. Pero la vida no se entiende ni como una categoría trascendental, ni como un concepto fijo y abstracto, no como una instancia supraindividual, sino que se contempla casi siempre bajo la óptica del arte.
Esto no quiere decir que el concepto del arte tenga en Nietzsche un sentido único, sino más bien todo lo contrario. Unas veces se entiende como “el querer universal primordial”, otras como voluntad individual, como sustrato metafísico o como una mera categoría biológica. Se trata, como la mayoría de las ideas de Nietzsche, de “juegos de mascaras” que ocultan el sentido pleno y profundo de algo que no se puede definir y que por esa razón queda sumido en lo misterioso e insondable. Zaratustra la definía como “la profunda”, “la fiel”, “la eterna”, “la llena de misterio”.

Por lo tanto no hay que buscar en Nietzsche un concepto de vida, porque los conceptos son algo fijo, muerto. No hay vida en sí, aunque interprete el “en si” como la vida, como tampoco hay mundo “en sí”. Nietzsche no se pregunta, como fue la tendencia generalizada, por la “vida en sí”. Sino por la “razón de la vida”; no pone en la razón el sentido que llene la vida, sino en el arte, de tal manera que da al arte una posición que la hace difícilmente distinguible de la función tradicional de la razón: “la razón suprema, decía, la veo en la obra del artista, y él la puede sentir como tal”. Por eso la vida se entiende siempre como proceso, como un devenir sin meta ni fin más allá de la verdad y de la no verdad, creatividad, construcción y destrucción, en última instancia lo “dionisiaco”.
Tal vez sea ese sesgo de impulso creador y efectivo inherente a la vida lo que se perfila de un modo sugestivo en lo que Nietzsche llamó “voluntad de poder”: la vida, dice, es esencialmente voluntad de poder, y nada más, porque algo vivo quiere, antes que nada dar libre curso a su fuerza. Esa idea dinámica de la vida, que a veces se compara con el “juego” universal del mundo, es la Inocencia del devenir, el superhombre, en cuanto meta suprema de la creatividad, el Eterno retorno como la forma más alta de afirmación de la vida. Y es precisamente en ese dinamismo de la vida donde pone Nietzsche la esencia de los “estético”, pues el arte es, en realidad un acontecimiento que se consuma en la vida.



miércoles, 15 de julio de 2020

ACCIONES COLECTIVAS, EL RUMOR EN POLÍTICA


“¿Qué es entonces la verdad? 
Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, 
antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma 
de relaciones humanas que han sido realzadas, 
extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y
que después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes,
canónicas y vinculantes. Las verdades son ilusiones de las
que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han 
vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido
su troquelado y no son ahora ya consideradas 
como monedas, sino como metal.”
Nietzsche


“La cantidad de rumores inútiles que un hombre pued
 soportar es inversamente proporcional a su inteligencia”.
Arthur Schopenhauer


ACCIONES COLECTIVAS, EL RUMOR EN POLÍTICA
Podríamos afirmar que los rumores forman parte de una acción colectiva en el sentido de que aglutinan a individuos que actúan de manera conjunta, no se trata de un fenómeno empírico unitario porque en realidad se crea una suerte de nosotros colectivo. Un estar juntos, en términos cognoscitivos, afectivos y relacionales, en pluralidad y construcción constante.
Un paso más allá nos acerca a las teorías sobre la psicología de las masas, entre otras perspectivas sobre las "agrupaciones no organizadas", que por cierto reciben numerosos nombres: muchedumbres, multitudes, públicos, etc. En el estudio de las masas además de confusión y polémica encontramos enfoques desde la sociología, la psicología y entre ellas lo que podríamos denominar como intermedios.
Los primeros apuntan a que la masa es un ente diferente a los individuos y suma una suerte de alma colectiva, a modo de conciencia o espíritu supraindividual. Los segundos señalan que las personas en la masa siguen con su comportamiento individual; sin embargo, más intenso y sin inhibición, y algunas son capaces de liberar tensión y de dejar aflorar instintos reprimidos o deseos inconscientes censurados. 

El enfoque intermedio dice que no se pierde la identidad individual del todo, pero que sí hay más emotividad y sugestionalidad personal, y afloran impulsos reprimidos por el individuo toda vez que estos se conjugan con determinadas condiciones socioculturales presentes.
De manera general y resumida podemos decir que las masas son fenómenos de la vida social y que sólo algunos pueden llegar a considerarse patológicos. Se trata de un fenómeno sociológico cuya unidad viene dada por el hecho de que una pluralidad de personas se encuentran en interacción tal, que pueden reaccionar o reaccionan de una forma más o menos homogénea y simultánea, ante un estímulo común o según un interés compartido, sin llegar a organizarse.

"Una masa es un conjunto transitorio
De individuos iguales, anónimos y semejantes,
En el seno del cual las ideas
Y las emociones de cada uno tienden
A expresarse espontáneamente"
Serge Moscovici .


Las características
Fenómeno colectivo y pluralidad de personas.
Fenómeno unitario o reacción pasiva o activa a un estímulo común; sin organización, amorfo, no forzosamente desorganizado; transitorio, de carácter esporádico, con falta de organización, inestable y efímero; indiferenciado, con personas anónimas, despersonalizadas, sustituibles, heterogéneas, incontables; fluido, con personas que entran y salen sin que se produzca cambio o disolución; anonimato, sin normas o pautas previstas.
Si bien Le Bon ha sido muy criticado, presenta ideas rescatables, y es que más allá de las inconsistencias y olvidos, existe una línea de pensamiento en su investigación que parece no sólo lógica, sino también comprobada históricamente. En particular cuando se trata de los rumores que surgen en una situación que podríamos llamar de “crisis social”, con una cultura política de desconfianza en medio de una crisis económica y en una época cercana a un convocatoria electoral, Le Bon afirma que "En el alma colectiva se borran las actitudes intelectuales de los hombres y, en consecuencia, su individualidad.

Lo heterogéneo queda anegado por lo homogéneo y predominan las cualidades inconscientes”. Además pone especial énfasis en la sugestibilidad y en la credibilidad excesiva y contagiosa; unidad mental (lo denomina) sin sentido crítico, con sentimientos irresistibles, exagerados y simples; instintos incontrolables; irritabilidad e impulsivilidad; autoritarismo e intolerancia; sentimiento común a modo de “supraespíritu” o alma colectiva de la masa; embriaguez colectiva; creencias fijas; incapacidad de racionalización y mucha imaginación; individuos que no distinguen la apariencia de la realidad. Incluso habla de "alucinaciones colectivas" y presenta varios ejemplos históricos. Añade que "los aspectos maravillosos y legendarios de los acontecimientos son los que más atraen a las masas" y como consecuencia, todo nos hace pensar y dar verisimilitud a los rumores. 
El ser humano siente cierto placer en la obediencia; la credulidad otorga un gran peso al líder, y a la imitación también como forma de sugestión, misma que se encuentra en la comunicación: por ejemplo, en los periódicos. Es más, la aparición del medio escrito ha disminuido la incidencia del rumor, lo cual hasta cierto punto puede ser real, pero en la actualidad, con el internet, consideramos que el rumor ha recobrado un nuevo soplo de vida, si es que en algún momento lo había perdido. La imitación, o estado hipnótico, favorece los comportamientos automáticos, ideas repetitivas que se propagan y desarrollan sentimientos comunes, corrientes de opinión, persuasión e influencia, incluso entre los sujetos alejados físicamente y sin contacto directo por al actual uso de internet.
Freud, por su parte, pensaba que las masas funcionan entre el sueño y la hipnosis desde el inconsciente, sobrecargadas de emociones, y las califica de locas y primitivas, una suerte de regresión intelectual y afectiva de la civilización misma. En la masa no se reprimen las tendencias inconscientes, desaparece la conciencia y el sentimiento de responsabilidad, y son crédulas e influenciables. Para Le Bon eran como mujeres, para Freud son asimiladas a la infancia o a los neuróticos. Coincide en varias cosas con este autor y afirma, por ejemplo: "Su afectividad queda extraordinariamente intensificada y, en cambio, notablemente limitada su actividad intelectual" (Freud). Menciona la imitación como Tarde o la sugestión como Le Bon, pero se remite más a un proceso de identificación, y subraya el papel de la líbido en la psicología de las masas. Eso sí, termina centrándose en las multitudes artificiales y formales, en las asociaciones estables, tales como el Ejército o la Iglesia. Presenta a la líbido como una impulsora de la psicología colectiva, algo así como el alma de las masas, a las que cohesiona y da fuerza, toda vez que las sugestiona. También habla del amor en el mismo sentido, de los lazos afectivos que vinculan, además de la importancia de la identificación, o creación del yo sobre el modelo del otro. Identificación, repetición, mimetismo como reproducción, hipnosis y seducción son varias de las cuestiones que comenta en su obra en relación con la psicología colectiva de las masas.

Si generalizamos podríamos decir que usualmente los rumores surgen por la falta de información o por la incongruencia y confusión de la misma, además de por la sorpresa, las emociones suscitadas, etc. En este marco es obvio, que: "Un aumento de la ambigüedad o una supresión de los criterios objetivos se traduce en un estado de incertidumbre interna en los individuos. A partir de ese momento están predispuestos a someterse a la influencia de los demás, la incertidumbre es la ansiedad difusa en cada hombre que se siente el juguete de fuerzas hostiles y desconocidas" (Moscovici). Así es como los grupos humanos reaccionan ante un estímulo, espontánea y transitoriamente, expresando ideas y emociones en forma de rumores que dejan aflorar instintos, exageran sentimientos, se sugestionan y contagian de creencias fijas, deseos no conscientes, liberan tensión, confunden realidad con apariencia, y se desrresponsabilizan personal y socialmente, todo ello ante la incertidumbre y la ansiedad.

Un claro ejemplo de todo esto es el miedo que se vivió en la Francia de 1789, con los rumores y acciones de las multitudes. Personas que vagabundeaban desmoralizadas, con miedo y hambre, se unían en grupos acabando a veces por ser los delincuentes y protagonistas de rumores y hazañas varias; pero, además, surgió con fuerza la creencia en un supuesto complot de la clase aristocrática. Puede afirmarse que el pánico fue producto de la ola de rumores generales y terrores locales:

Además del sentimiento de inseguridad que lógicamente despertaba la situación económica y las circunstancias políticas, en el origen de los pánicos existe la idea de que un partido o una clase social amenaza la vida y los bienes de la mayoría de la nación, a veces con ayuda del extranjero. Este temor universal y siempre idéntico da a las alarmas sociales, cuya ocasión e importancia son variables, su valor emotivo y su expansión.

AY! LUNA

“En el claro de la luna
Donde quiero ir a jugar
Duerme la reina fortuna
Que tendrá que madrugar

Sueña talismán querido
Sueña mi abeja y su edad
Sueña y, si lo he merecido
Sueña mi felicidad.”

En el claro de la luna 
Silvio

LUNA
Ay Luna, Luna.

"Debajo de tu piel vive la luna" dice Neruda a la mujer que lo apasiona, el solitario Manrique de la mano de Gustavo Adolfo Bécquer, abre su alma al "Rayo de luna" mágico que divisa a lo lejos en el bosque nocturno inundado de oscuridad, los músicos del grupo español "Agua Viva" entonan su música en el rostro a la autoridad "un gallo canta en la luna, Señor alcaide sus niñas están mirando a la luna" y Serrat en su modo, escribe "a dónde vas luna de día, resbalando equívoca los horizontes" como apología de los seres diferentes y menoscabados en la sociedad. Luna, Luna ahí estás todo el tiempo, casi ingrávida, casi inmutable, casi lejana, casi cerca. Eres blanca como la eternidad porque hasta el fin de los tiempos llevarás impresa la imborrable huella humana en tu rostro de polvo quemado por cometas. Esfera maravillosa has estado ahí desde el inicio, has visto la historia viva ante sí, has visto alegrías, tristezas y desdichas, por eso eres parte de los hombres quien no podemos dejar de contemplar, maravillarnos y sentirte, eres parte del todo, eso es parte del misterio.

Ay Luna!




ALÍ, el hombre que desafío al ejército estadounidense.




“Darle la espalda a Malcom X ha sido uno de mis 
mayores errores en la vida y uno de los que
más me arrepiento. Desearía poder decirle
a Malcom cómo lo siento”. 
Mohammed Ali


“Si matas a mi perro, es mejor que escondas a tu gato”. 
Mohammed Alí

Alí, el hombre que desafío al ejército estadounidense.


En 1966, Alí fue convocado a sumarse al ejército para viajar a Vietnam, pero se negó a ir. Alegó la objeción de conciencia por motivos religiosos y no fue sutil para hacerlo, declaro: "Pueden preguntarme lo que quieran sobre la guerra de Vietnam y siempre me escucharán decir lo mismo, no tengo problemas con los vietcong. Ningún vietcong me ha llamado nigger". Declaración que hizo más que enojar a los más altos círculos del poder norteamericano.

No sólo fue un prodigio en el cuadrilátero, también sacudió a la sociedad estadounidense de los 70. Luchó por los derechos civiles de la minoría negra y escandalizó al país al oponerse a la guerra de Vietnam. Fue protagonista de una revolución en el corazón del servicio militar estadounidense.
Durante todo 1966 hubo sucesivos requerimientos contra la decisión de declararlo apto para el servicio, alegando razones de conciencia debido a su religión, pero sólo consiguió algún aplazamiento para que pudiera defender su título.
Sus fuertes declaraciones opositoras no ayudaron, y tras una negativa del Tribunal Supremo a concederle un nuevo aplazamiento para su incorporación a filas, Mohamed Alí se presentó en el Centro de entrenamiento del Ejército de Houston. Permaneció inmóvil, callado, sin hacer caso a los requerimientos del oficial de alistamiento que le ordenaba repetidamente que sería condenado por desertor, pero él no abandonó su postura. El campeón no respondía al nombre de Cassius Clay, tampoco al de Mohamed Alí. Ese mismo día, la Comisión Atlética del Estado de Nueva York le quitó su título mundial y de la licencia de boxeador.

La foto muestra el instante preciso cuando Mohamed Alí 
se presenta en el Centro de entrenamiento del Ejército 
de Houston para  enlistarse e ir a la guerra de Vietnam.

Fue condenado a cinco años de cárcel por el Tribunal Federal de Houston. Comenzó así un largo periplo de tres años y medio alejado del boxeo. Siempre se negó a retractarse, convencido de que cuando pudiera volver a boxear recuperaría su condición de campeón y su corona. Pasó por libertad provisional bajo fianza, recursos de apelación, y otras cuestiones judiciales, hasta que salió. Comenzó a viajar por el país, a presentarse en conferencias en escuelas y universidades. Una sociedad estadounidense más opositora a Vietnam empezó a entenderlo.

Aí junto a Bob Dylan

En septiembre de 1970, un juez federal de Texas consideró que la suspensión de Clay era "arbitraria e irrazonable" y, poco después, la misma comisión que lo había desposeído del título le concedió de nuevo la licencia para boxear.

Muhammad Alí regresó al ring en octubre de 1970. Obtuvo dos victorias, pero perdió el combate por el título contra Joe Frazier, el 8 de marzo de 1971. Habría otra oportunidad. Volvió a enfrentarse a Frazier y ganó por puntos.

En octubre de 1974 recuperó el título de los pesos pesados al dejar fuera de combate en el octavo asalto al campeón George Foreman. Fue el combate del siglo, en Zaire, ante 120.000 personas. Él lo sabía, ese título que le quitaron por oponerse al ejército, volvería a ser suyo.

Cada acción, cada decisión tiene sus consecuencias y eso Mohamed Alí lo tuvo siempre claro. Las asumió, las retó y como todo campeón; las ganó.