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miércoles, 4 de septiembre de 2019

ALBERT CAMUS

LA HISTORIA FUERA DE LA FILOSOFÍA

“Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar
 a un mundo donde no se mataría”

 Albert Camus


"Jamás he podido renunciar a la luz, a la felicidad de existir, a la vida libre 
en que he crecido. Pero aunque esta nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, me ha ayudado sin duda a comprender mejor mi oficio, 
me sigue ayudando a mantenerme, ciegamente, 
junto a todos estos hombres silenciosos que no soportan la vida 
que se les hace en el mundo más que por el recuerdo 
o el refugio en el remanso de breves y libres felicidades."
Albert Camus


Albert Camus fue un niño muy pobre, creció en Argelia con su silenciosa madre que era sordomuda y analfabeta, quien para proveer las necesidades de Albert y su hermano hacía aseo en casas. Todos vivían en casa de su abuela. Su infancia y adolescencia las vivió en condiciones de pobreza, sus estudios los realizó en colegios fiscales y con la ayuda de una beca concluyó el bachillerato. Estudió filosofía en la universidad de Argel también gracias a una beca. Su padre había muerto en la I guerra mundial cuando Albert aún no había cumplido el año y medio de edad. Cuando era niño le gustaba mucho jugar fútbol y si eligió la posición de portero fue porque de esa manera se le gastaban menos los zapatos y recibía por lo tanto menos recriminaciones de sus compañeros de equipo.
Cuando muere Albert Camus, su hija es la encargada de revisar las cosas esparcidas que aun estaban en el vehículo, es ahí cuando encontró el manuscrito inconcluso de su último libro llamado “El Primer Hombre”. El libro es autobiográfico y está compuesto por dos partes; la primera trata de la niñez y adolescencia del filósofo y, la segunda de la búsqueda del padre ausente.

En 1957 Albert Camus recibió el premio Nobel de Literatura. Anteriormente a esa fecha ya había comentado sobre el profesor que nunca olvidó. Y antes de agradecer a su profesor inolvidable y ante la asamblea (al recibir el Nobel), agradece a su madre Catalina Elena Sintes quien fue su ejemplo de superación en la vida.



“La clase con el profesor Germain era siempre interesante por la sencilla razón de que él amaba apasionadamente su trabajo.” 

En la carnicería del tío de Albert Camus en Argelia, 1920. 
Sentado en el centro, vestido de negro, el escritor a los
siete años. Sus estudios en Argel lo marcaron para siempre,
 y a sus profesores Louis Germain y Jean Grenier 
les dedicó su discurso del Premio Nobel, que le concedieron en 1957. 
Gracias a ellos descubrió la lectura y la filosofía.


Poco después de haberlo recibido escribió la siguiente carta a quien había sido su profesor en la primaria, el profesor Germain Bernard.

“Querido señor Germain
Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni he pedido. Pero cuando supe la noticia pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiera sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Un abrazo con todas mis fuerzas.”

El Primer Hombre
Albert Camus 


"Multitudes enteras habían llegado allí durante más de un siglo, habían labrado la tierra, abierto surcos cada vez más profundos en ciertos lugares, en otros cada vez más irregulares, hasta que una tierra ligera los recubría y la región volvía a la vegetación salvaje, y procreaban y desaparecían. Y así sus hijos. Y los hijos y los nietos de aquéllos se encontraron en esa tierra como se encontraba él, sin pasado, sin moral, sin lección, sin religión, pero contento de estar y de estar en la luz, angustiados frente a la noche y a la muerte."
Albert Camus

Albert Camus murió a los 47 años en un accidente 
de tráfico de un coche que conducía el editor 
Michel Gallimard, que falleció cinco días después. 
El suceso se produjo cerca de Villeblevin, 
una localidad de Borgoña. Su tumba es la más desnuda 
del cementerio de Lourmarin, el pueblo 
de Provenza en el que fue enterrado.


domingo, 5 de mayo de 2019

FILOSOFÍA, SENTIDO COMÚN

“Porque Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando
estableció con fuerza de ley que se adquiera la sabiduría con el
sufrimiento.”

Esquilo


Habitualmente, la filosofía aparece ante el sentido común como un saber extraño e, incluso, opuesto. Esta percepción hace que uno y otra reaccionen dogmáticamente para proclamar o para
conciliar diferencias, de tal modo que la filosofía siempre resulta perdedora ante el sentido común, ya sea porque éste puede existir sin ella, o porque declina su saber ante el sentido común. Ciertamente la filosofía no puede ni evitar ni disminuir el conflicto… debe realizarlo. Para ello debe poner en juego su impulso originario: el saber que es para ella, ante todo, tarea. Es en la tarea de saber y no en un saber donde se enfrenta a otro, donde se experimenta y resuelve el conflicto. Más que un sabio, el filósofo es ante el sentido común un hábil experimentador del saber capaz de soportar el dolor y la desesperación que la tarea de saber implica.

Desde los orígenes mismos de aquella ocupación que conocemos con el nombre de filosofía, ésta ha tenido que diferenciarse de otras ocupaciones y al mismo tiempo justificar su peculiaridad. Ya ante sus contemporáneos, los denominados primeros filósofos aparecieron como portadores de un tipo especial de sabiduría que no sólo les resultaba extraña sino hostil.
Si el origen nos revelara la naturaleza de las cosas tendríamos que admitir que la filosofía es esencialmente polémica. Y, contrariamente a lo que podría esperarse de aquel intento de instalar la filosofía en las ciudades que la tradición atribuye a Sócrates, en muy poco contribuyó al alivio del conflicto o tan siquiera a cambiar la imagen de ocupación esotérica que ya poseía la filosofía. De nada sirvió la defensa del carácter público y cotidiano de su ocupación. Por el contrario, chocó, al parecer, con las costumbres de sus conciudadanos. El desenlace es conocido. Se le reprochó su
ocupación, la cual no dudó en defender, y su saber, que en cambio negaba.

En toda época y lugar éste ha sido el sino que ha perseguido a la filosofía, al punto que la determinación de su naturaleza, su carácter y sus límites se establecen, frecuentemente por sus relaciones con el cúmulo de creencias, prejuicios o costumbres que circulan en las diversas épocas históricas, en suma por sus relaciones con el denominado, de un modo general, sentido común. Y esta relación, en la mayoría de los casos no sólo se muestra como de diferencia sino de oposición, si bien la oposición no es la misma en todos los casos. Por lo anterior no sólo resulta interesante sino necesario analizar cómo se vive el conflicto.
Estamos lejos de considerar que el sentido común sea el mismo en todas las épocas históricas y por tanto de imaginar un único modo de tematización. Sentido común para los filósofos no siempre significa lo mismo, depende en gran parte de su opción filosófica. Como por ejemplo el sentido común y la filosofía experimentan su oposición y a las reacciones que asumen de un modo
inmediato.

domingo, 24 de febrero de 2019

AMIGOS

“La más grande limitación de la gente hispana 
estriba en algo vergonzoso, en algo que es, 
por definición, un vicio de esclavo: 
en la incapacidad específica para el ejercicio de la amistad.”

Eugenio d'Ors  

La amistad es tan antigua como el ser humano y aún más. Con todo, parece un bien escaso no solo a lo largo de la historia de la humanidad, sino también en la del pensamiento occidental, pues en las contadas ocasiones en que la filosofía se ha hecho cargo de esta realidad, se ha limitado a ofrecer unas consignas parcas y repetitivas. En este punto, las últimas décadas parecen constituir una excepción a la filosofía precedente, aunque no ciertamente a la vivencia de esta realidad humana.

COPA DE SOSIAS  
(Aquiles venda la herida de su amigo Patroclo) 
cerámica griega - siglo V AC 

Lo primero a señalar, tras la lectura de los recientes estudios sobre este tema, es que es un acierto atender a esta realidad, no solo porque hoy esté muy necesitada en todos los ámbitos (familiar, educativo, laboral, etc.) y en todas las edades, sino, sobre todo, porque es una propiedad humana central. Ahora bien, en el modo de tratar este tópico no se sabe qué lugar ocupa esta virtud entre las demás y, consecuentemente, no se la vincula con otras realidades humanas inferiores y superiores a ella con las que está ineludiblemente unida. Además, por si fuera poco, no sabemos cuál es la instancia cognoscitiva que permite arrojar luz sobre ella, es decir, desconocemos el método cognitivo humano apto para comprenderla, por lo mismo no sabemos qué método emplear para implantarla en nuestra sociedad. 

viernes, 15 de febrero de 2019

LA ÚLTIMA FRASE DE SÓCRATES

“Las almas ruines sólo se dejan conquistar mediante regalos”

Sócrates


Pero ya es hora de irse: yo a la muerte, vosotros a la vida. 
Quien después se encamine hacia un estado mejor, 
será desconocido por todos nosotros,  …”

Sócrates



Socratés. El gran filosofo de Grecia, que vivió en el siglo V antes de nuestra era, fue condenado a morir por la ingestión de un preparado  de cicuta, acusado de no reconocer a los dioses griegos y de corromper a la juventud con sus pensamientos.

Sócrates acató la sentencia, y tomó el veneno de cicuta, después de ingerirlo, anduvo por la habitación en donde estaba preso, hasta que el veneno comenzó a apoderarse de su cuerpo, cuando no pudo caminar mas, se tumbó, sus discípulos lo contemplaban sin poder hacer nada, Sócrates se tapó la cara con una sabana, pero poco antes de morir, se quito la sabana de la cabeza y le dijo a su discípulo Critón: "Le debemos un pollo a Esculapio, así es que págaselo y no te descuides."


Amanece.
La nave de Delos había arribado la víspera.
Se ha terminado la tregua sagrada, y la ejecución ya es lícita.

Los discípulos van llegando con la tristeza de saberse en el último día del maestro; la cárcel los recibe por última vez. Fedón y el bueno de Apolodoro, Critóbulo y su padre el rico y generoso Critón, Hermógenes y Epígenes, el cínico Antístenes, que tanto aprenderá en ese día; Ctesipo y Menéxeno, Simias , Cebes y Fedondas, los tres tebanos; Euclides y Terpsión, megarenses ambos, y el primer creador de esa escuela que sirvió de cenáculo a los socráticos en el momento de miedo y cobardía que siguió a la muerte del maestro. Todos están allí. Faltan tal vez algunos cobardes, y Platón está enfermo y no ha podido acudir.

Sócrates está desatado, pues en su último día el reo recibe consideraciones especiales. Se frota la pierna, dolorída por las cadenas que ha soportado todo el tiempo que en la prisión ha tenido que esperar a la ejecución de la sentencia. Su mujer Xantipa, sentada junto a él, prorrumpe en gritos al ver entrar a cada grupo de los amigos. Son esos gritos que en los países mediterráneos se oyen siempre, sin ningún pudor, en los entierros: «¡Ay, Sócrates, que es la última vez que hablas! ¡Ay, que por última vez ves a tus amigos!»
Sócrates no puede sufrirlo más y le ruega a Critón, que como hombre rico que era se habría hecho acompañar de sus esclavos, que se lleven a la infeliz Xantipa, la cual tenía: dice Platón, a su hijo más pequeño en brazos. Hay que observar que esta conducta no era entonces tan dura como nos parece a nosotros, ya que la mujer distaba de estar a la misma altura social que el marido, y, por otra parte, bastaba con que los amigos llegasen para que la mujer desapareciera, conforme a la costumbre en Atenas.
Se retiró la mujer, conducida por los esclavos de Critón. Sócrates comienza sus últimos razonamientos.

Sócrates se incorporó en su asiento, apoyó los pies en el suelo y después de tender, con su habilidad de siempre, las redes de que usaba para llevar la conversación adonde quería, comenzó a exponer su doctrina.
Se trataba de no confundir la buena disposición con que el filósofo debe ir al encuentro de la muerte, con el suicidio. No en vano Sócrates moría en un punto en que el despego del vivir podía convertirse en una peligrosa epidemia. Era necesario llenar la vida de espontaneidad religiosa, para que no venciese la muerte.
Es probablemente el Sócrates histórico el que en nombre de la religión tradicional se opone al misterio que dice que el cuerpo es una cárcel o tumba del alma, y que lo mejor que podemos hacer es huir de ella y buscar la verdadera resurrección y libertad. Es ética tradicional, vieja religión, lo que Sócrates en Platón toma del pitagorismo y enarbola como razón suprema.

Los dioses (dice) son nuestros amos; nosotros somos tan suyos como si fuéramos su rebaño y ellos nuestros pastores. No podemos, pues, disponer de nosotros mismos ni hacernos daño.
Era en la religión heredada donde Sócrates buscaba la razón suprema para resistir a la desesperación que iba a invadir el alma antigua. Y esto, sin dejar de afirmar, desconcertadamente, que el filósofo debe acudir gozoso a la muerte. Sus discípulos no comprenden todavía bien las dos cosas: si la muerte es deseable, ¿por qué no buscarla? si no lo es, ¿cómo se explica la serenidad ante ella?
Sócrates estaba allí, como en todo lo demás de su vida, en un equilibrio tan difícil, que resultaba incomprensible aun para sus más fieles discípulos. En el fondo, su filosofía consistía esencialmente en ese desprecio del instinto que nos liga desesperadamente a la vida.

Sócrates acató la sentencia, y tomó el veneno de cicuta, después de ingerirlo, anduvo por la habitación en donde estaba preso, hasta que el veneno comenzó a apoderarse de su cuerpo, cuando no pudo caminar mas, se tumbó, sus discípulos lo contemplaban sin poder hacer nada, Sócrates se tapó la cara con una sabana, pero poco antes de morir, se quito la sabana de la cabeza y le dijo a su discípulo Critón:” Le debemos un pollo a Esculapio, así es que págaselo y no te descuides.”
“Pero ya es hora de irse (dice Sócrates): yo a la muerte, vosotros a la vida. Quien después se encamine hacia un estado mejor, será desconocido por todos nosotros,…”



martes, 28 de agosto de 2018

AMISTAD


“La más grande limitación de la gente hispana
estriba en algo vergonzoso, en algo que es, por definición, un vicio de esclavo:
en la incapacidad específica para el ejercicio de la amistad.”

Eugenio d'Ors   

La amistad es tan antigua como el ser humano y aún más. Con todo, parece un bien escaso no solo a lo largo de la historia de la humanidad, sino también en la del pensamiento occidental, pues en las contadas ocasiones en que la filosofía se ha hecho cargo de esta realidad, se ha limitado a ofrecer unas consignas parcas y repetitivas. En este punto, las últimas décadas parecen constituir una excepción a la filosofía precedente, aunque no ciertamente a la vivencia de esta realidad humana.
Lo primero a señalar, tras la lectura de los recientes estudios sobre este tema, es que es un acierto atender a esta realidad, no solo porque hoy esté muy necesitada en todos los ámbitos (familiar, educativo, laboral, etc.) y en todas las edades, sino, sobre todo, porque es una propiedad humana central. Ahora bien, en el modo de tratar este tópico no se sabe qué lugar ocupa esta virtud entre las demás y, consecuentemente, no se la vincula con otras realidades humanas inferiores y superiores a ella con las que está ineludiblemente unida. Además, por si fuera poco, no sabemos cuál es la instancia cognoscitiva que permite arrojar luz sobre ella, es decir, desconocemos el método cognoscitivo humano apto para comprenderla, por lo mismo no sabemos qué método emplear para implantarla en nuestra sociedad.




miércoles, 1 de agosto de 2018

PIENSO, LUEGO EXISTO


La famosa cita de René Descartes, casi se ha convertido en un cliché: un aforismo usado en exceso lanzado en asociación salvaje incluso con la palabra 'Filosofía', pero su belleza radica en su simplicidad. Se traduce con mayor frecuencia como: "Pienso, luego existo”.



Porque como dijo Bertrand Russell: “La causa fundamental del problema es que en el mundo moderno los estúpidos son engreídos, mientras los inteligentes llenos de dudas”.