Un fenómeno que no
tiene nada de paranormal
“¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra,
una ficción;
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los
sueños, sueños son”.
Pedro Calderón de la Barca
Abrir los ojos en
medio de la noche y no poder moverse ni hablar es más común de lo que se
piensa. Quizás ya te haya pasado, o tal vez a un amigo o a un conocido. En
plena madrugada y sin razón aparente despiertas de forma fulminante e intentas moverte o hablar, pero no lo logras. La angustia es lógica. Y por si fuera
poco, crees ver figuras a la distancia o escuchar voces. La experiencia dura
unos cuantos segundos, hasta que por fin te puedes mover o simplemente te
vuelves a dormir. Será un mal recuerdo a la mañana siguiente.
El anterior no es
un relato de terror. No fue una bruja o un fantasma que aprisionaba tu pecho, se
trata más bien de la manifestación de un fenómeno que, si bien puede causar
pavor, está clasificado como uno de tantos parasomnios o trastornos de la conducta
durante el sueño, junto con otros como las pesadillas, el sonambulismo o el
bruxismo.
Los parasomnios son cualquier comportamiento, conducta
o sensación anormal que ocurra en la transición de la vigilia al sueño o del
sueño a la vigilia, o en distintas etapas del sueño. Este fenómeno no
representa un problema mayor, además del pánico que se puede llegar a sentir en
segundos; pero sí puede ser señal de otros trastornos mayores, de altas cargas
de estrés y preocupaciones, así como de hábitos poco saludables y de una mala
higiene de sueño. Por lo general, esta alteración se puede acompañar de
alucinaciones de tipo visual o auditivo, asociadas culturalmente a fenómenos
paranormales. Es muy frecuente, se puede presentar más en adolescentes, pero se
ha detectado que también a lo largo de toda la vida en personas que trabajan
por turnos. Este parasomnio puede verse agravado en personas con traumas,
trastornos de ansiedad o que hayan sufrido abuso sexual, así como en aquellas
que consumen sustancias estimulantes.
El sueño es una
función vital propia de todas las especies de mamíferos conocidos y se
caracteriza por ser cíclico, en cuatro fases que se repiten cada 90 minutos
durante la noche. Se trata de una transición de una de ellas, conocida como fase
REM (Rapid Eye Movement, en inglés, o movimientos oculares rápidos), o R, hacia
una de sueño más leve en que se presenta la parálisis. Esta fue la denominación
que a mediados del siglo pasado le dieron médicos de la Universidad de Chicago.
Luego, el catedrático francés Michel Jouvet lo llamó “sueño paradójico” porque, justamente, es el momento del día
en el cual el cuerpo experimenta más actividad cerebral; sin embargo, salvo los
músculos respiratorios y los oculares que se mueven a gran velocidad, la
movilidad física es nula. En experimentos con gatos con parálisis muscular,
Jouvet comprobó que la falta de movilidad en esta fase del sueño se debe a la inhibición de los centros motrices en la
médula espinal. También se acompaña, según Dávila, por una contracción de
las pupilas y la erección del pene o del clítoris. El sujeto está saliendo de
la fase R, en un proceso que puede demorarse unos 20, 30 o 40 segundos, y en
ese momento se percata de que está despierto pero no se puede mover”, describe.
La parálisis es más común que se presente cuando la persona duerme bocarriba,
en la madrugada, y su duración es de pocos segundos, explica Dávila, y agrega
que el tono muscular suele recuperarse rápidamente.
De acuerdo con el
psiquiatra Franklin Escobar, lo ideal es evitar factores de riesgo que
ocasionan un fenómeno de parálisis, y, en ese sentido, la primera recomendación
es una buena higiene del sueño: horarios habituales, un espacio preparado para
el descanso y evitar la estimulación en altas horas de la noche con bebidas o
la interacción con pantallas celulares. Si la parálisis del sueño se sigue
presentando, se puede hacer un estudio de sueño para descartar otros
trastornos. Si no logra evitarse, el mexicano Reyes Haro Valencia aconseja
“apretar los ojos, buscar moverlos en ese estado de conciencia para así activar
el resto de la musculatura”.
No cabe duda que vivir una experiencia como la que describe el autor, no pasa desapercibida por la sensación de impotencia y pérdida de control de quién la sufre...
ResponderEliminarSiendo esta vivencia tan claudicante, aunque sea por breves segundos, es fácil atribuírle responsabilidades
a seres de dimensiones que nada tienen que ver con la realidad común lo que genera aún más temor ...
Me parece muy apropiado cómo el autor despeja todo tipo de dudas en cuanto a su origen fantástico e irreal .
El autor lo aborda con seriedad,entregando mucha información y ,
además sus verdaderas causas y sugerencias para evitar estos episodios .
En definitiva, un artículo que pone este tipo de
parasomnio en su lugar, despojándolo de todo artificio y superstición ...