“El enemigo no
es el fundamentalismo, sino la intolerancia.”
Stephen Jay
Gould
Un retrato de
la dignidad hacia el dolor, el amor y la pérdida. Lo grandioso de este “retrato
femenino” de Sebastián Lelio (director) es ver cómo dibuja un personaje
transexual delicado e íntegro.
Ganar o no
ganar el “Oscar” es solo la estatuilla, lo interesante es que el film posiciona
el tema en un país extremadamente conservador y agrega un granito de arena al ponerlo en el
debate.
El film funciona
al momento de exponer esa discriminación silenciosa que daña sin que nos demos
cuenta: gestos, miradas, comentarios inocentes pero desafortunados en donde
Marina (la personaje principal) siente un repentino desequilibrio en su
percepción.
La
discriminación se hace explícita cuando Leilo quiere señalar las injusticias
que recaen sobre Marina por su condición transexual, la película recurre a
escenas en donde se escupen frases del tipo “no sé qué eres”, “yo conozco qué
hacen las personas como tú”, “mi padre estaba enfermo por elegirte”. Sucesión
de dardos que victimizan a Marina y le quitan a la intérprete Daniela Vega la
posibilidad de dotar de matices a su personaje.
La película
abre con una atmósfera íntima, apacible. Sus minutos más verdaderos son
aquellos que pintan la relación entre Orlando, un modisto, y Marina, varios
años más joven. Orlando muere y Marina debe afrontar el duelo por su amante
bajo el acoso de los familiares y las sospechas de las autoridades por las
causas de la muerte.
Para que estos
dos tipos de discriminación se materialicen (la invisible y la brutal), el
guión dispone de dos grupos de personajes: los que aceptan a Marina (la dueña
de un bar, el hermano de Orlando, su hermana y su cuñado), y los que la
aborrecen (la ex esposa y el hijo de Orlando, una comisaria investigando el
caso). Así, las escenas quedan dispuestas como una balanza, una ecuación
prolijamente escrita sobre una pizarra que ubica al film en la cornisa del
didactismo.
Cuando Leilo se
concentra en Marina desmantelando sus propios prejuicios, la narrativa
encuentra huecos para captar al personaje desde un humanismo a secas. La
actuación de Daniela Vega brilla al momento de exponer el dolor de una pérdida
y se opaca cuando el maniqueísmo heteronormativo entra en acción, o bien cuando
se incluyen escenas oníricas como una suerte de cotillón.
El resumen, si
bien el film presenta algunas incongruencias pacatas al momento de explicitar
la genitalidad de Marina y contrastarla con la intolerancia hacia los “trans”, también
es cierto que evidencia la problemática de género en un país, y por qué no
decir en el mundo que se dice tolerante.
Coincido con el autor en que la película alcanza una finalidad didáctica cuando logra poner como tema de agenda nacional la problemática de la obra .
ResponderEliminarInvisibilizados desde siempre,el director nos permite entrar a la intimidad del mundo de Marina..., una persona transgénero y ...sufrimos con ella los dos tipos de agresiones : la
brutal y explícita que no deja lugar a dudas, precisamente por lo grosera .
Pero tan dolorosa como aquella, es la agresión velada y soterrada de la que habla el autor, porque, aunque sin ser grosera causa tanto daño como la otra ya que es constante, como pequeños dardos que llegan de cualquier lado disfrazado con aire de inocencia
Esto que pareciera un simple detalle aportado por Romain Labbé , a mi parecer, es un dato necesario para reflexionar...
¿ Cuántas veces, sin querer hemos esbozado una sonrisa, alzado una ceja,o hecho un comentario en voz baja o nos damos vuelta a mirar... o algo similar cuando nos encontramos frente a una persona transgénero ? Y...continuamos nuestro camino sintiéndonos
tolerantes y que somos un ejemplo casi de no discriminación...
Nuestros gestos,
por nimios que sean,también dan a conocer nuestra
intolerancia velada ...¡ No hay motivos para sentirnos satisfechos de nuestra conducta.
¡Insisto:un pequeño dato aportado por el autor, pero que causa tanto daño como el primero porque, además es permanente!